disponen y quienes te ordenan? No, no, soy Yo que muevo todo, que las empujo, que las
ilumino, y muchas veces no soy escuchado, de otra manera se darían más prisa y tendrían más
interés, y Yo me veo obligado a empujarlas más fuerte para hacer que mi Querer se cumpla. Tú
quisieras esperar hasta después de tu muerte, pero mi Querer no quiere esperar, y además, es
verdad que tú tienes la conexión, el injerto con mi Voluntad, pero aquí se trata no de ti, sino de
Mí, se trata de hacer conocer los efectos, los bienes, el valor que contiene mi Querer obrante en
la criatura cuando ella vive en Él. Y además, si no quieres interesarte tú que conoces cuánto
me interesa y cómo anhelo ardientemente que los efectos de mi Querer sean conocidos, y por
lo cual me vendrá la completa gloria de la Creación y el cumplimiento de la misma Redención;
– ¡oh, cuántos efectos están aún suspendidos, tanto de la Creación como de la Redención
porque mi Querer no es conocido y no tiene su verdadero reino en la criatura, y no reinando, la
voluntad humana queda siempre esclava de sí misma – entonces ¿crees tú que se interesarán
los demás después de tu muerte? ¡Oh! cuántas cosas que he manifestado a las almas están
sepultadas por falta de alguien que se interese en mis obras, pero si lo he tolerado en las otras,
en ésta de mi Voluntad no lo toleraré, daré tanta gracia a quien se ponga a la obra, que no me
podrá resistir, pero la parte más importante y esencial la quiero de ti”.
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14-61
Septiembre 20, 1922
El alma que vive en la Divina Voluntad debe ser
un complejo de todos los bienes, y debe hacer salir
de sí: Amor, santidad, gloria para Dios. El doble oficio.
(1) Estaba diciendo a mi siempre amable Jesús: “¡Ah! haz amor mío que de todo mi ser no
salga más que amor, alabanzas, reparaciones, bendiciones hacia Ti”. Ahora, mientras esto
decía, el bendito Jesús ha venido, y yo me veía toda ojos, no había partecita de mí en la cual no
se viera un ojo, y de cada uno de ellos salía un rayo de luz que hería la persona de Nuestro
Señor, y me ha dicho:
(2) “Hija mía, es decoroso para Mí y para ti, que de ti no salga otra cosa que amor, santidad,
gloria, todo para Mí, de otra manera degradaría mi Voluntad con hacer vivir en Ella a un alma
que no fuera un complejo completo de todos los bienes de los que sobreabunda mi Voluntad, y
el alma si no tuviera los gérmenes de todos los bienes, no podría recibir los bienes que mi
Voluntad contiene, y si, jamás sea, tuviese algún germen no bueno, sería una intrusa, sin
nobleza ni decoro, por lo tanto ella misma avergonzándose saldría fuera, no tomaría gusto y
contento teniendo en ella cosas extrañas a mi Querer, por eso te he marcado aun las gotas de
tu sangre, tus huesos, tus latidos; son estos ojos de luz para hacer que nada, nada salga de ti
que no sea santo y que no sea dirigido a Mí”.
(3) Después me ha transportado fuera de mí misma, haciéndome ver todo revuelto, y cómo
están maquinando otras guerras y revoluciones, y Jesús hacía de todo para alejarlos de eso,
pero viendo su obstinación se retiraba de ellos. ¡Mi Dios, qué tristes tiempos! Yo creo que
nunca el hombre había llegado a este exceso de perfidia, de querer la destrucción del propio
ser. Entonces estaba con temor de que mi dulce Jesús no viniera, mucho más porque sentía
que mis sufrimientos habían disminuido y estaban como adormecidos, por eso decía entre mí:
“Si es verdad lo que he visto, según las otras veces, para dar curso a la justicia tal vez no vendrá
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