de que esta voluntad humana abrazando toda la Creación y todos sus actos, en esta Voluntad
Divina me los llevase a mi trono como triunfadora de todos los actos humanos cambiados por
Ella en actos de Voluntad Divina, con esto la voluntad humana tomaba posesión de la Voluntad
Divina y la Divina de la humana, la una señoreaba sobre la otra, porque cuando un ser forma
una sola cosa con otro ser, si es dueño uno, connaturalmente se vuelve dueño el otro. Había
sido esta mi única razón por la cual había ordenado al hombre el abstenerse del fruto prohibido
por Mí, quería un acto de sacrificio de su voluntad en la mía, a fin de que por este sacrificio,
anudando nuevamente su voluntad en la mía, pudiese tomar posesión de mi Voluntad y Yo de
la suya, y las dos reinar con la misma potencia, sabiduría y bondad, no lo quería desemejante
en nada de Mí, era mi parto, era mi hijo, ¿y qué padre no ama el que su hijo sea rico y feliz como
él? Mucho más Yo, Padre Celestial, y que nada perdía con volver a este hijo mío rico, feliz y
reinante a la par de Mí. Entonces, habiendo roto el hombre su voluntad con la mía, mi Amor no
quedó quieto, elevó más alto sus llamas, y a cualquier costo quise producir otro Yo, y para eso
escogí mi Humanidad, la cual, sacrificándose en todo a mi Voluntad tomaba posesión de mi
Querer, haciéndome cumplir en Ella la finalidad de la creación del hombre, porque Yo tengo
costumbre de cumplir mis más grandes empresas con uno solo, y después las difundo; ¿no fue
un solo hombre que arruinó todos mis designios? Y sólo mi Humanidad debía rehacerme de
esta ruina, y la potencia de mi Querer, encerrando en Ella toda la Creación, debía hacerme
restituir los amores, los besos, las caricias que el primer hombre tan feamente había rechazado;
mi amor, quitándose los vestidos, podría decir de dolor y de luto, se revistió de fiesta y como
triunfador se dio a los más grandes excesos y locuras de amor. Así que cuando quiero hacer
una obra con la criatura, comienzo siempre al tú por tú, como si ninguna otra existiera, y después
la agrando tanto, de llenar Cielo y tierra.
(3) Ahora hija mía, mi Amor quiere producir de nuevo, mientras da en excesos, sale fuera
haciendo tregua, quiere dar nuevos partos, y lo que hizo en mi Humanidad, encerrando toda la
Creación para poder dar al Padre todo lo que de ella quería, y hacer descender todo para
provecho de todas las criaturas. Ahora, anudando tu voluntad con la mía quiero encerrar en ti
toda la Creación, y haciéndote tomar posesión de mi Querer quiero ver repetir en ti mis actos,
mi amor, mis penas, quiero mi reflector en la tierra, que mirándolo vea la Creación que creé en
el Cielo y que encerró mi Humanidad, dentro de ti como dentro de un espejo, y Yo, viéndome en
él la reconozca en ti. Entre tú y Yo estaremos en continuos reflejos, Yo la haré reflejar en ti y tú
en Mí, Yo desde el Cielo y tú desde la tierra. Entonces mi Amor estará contento cuando vea en
una criatura no sólo la imagen de mi Humanidad, sino todo lo que obró mi Divinidad en Ella, por
eso sé atenta y sigue mi Querer”.
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14-59
Septiembre 11, 1922
La finalidad primaria de todo lo que Dios ha hecho en la Creación y
Redención, es que la criatura viva en el Divino Querer. Sólo en el
Divino Querer hay verdadero reposo.
(1) Continuando mi habitual estado, me abandonaba toda en el Santo Querer de mi dulce
Jesús, y sintiendo necesidad de reposar decía entre mí: “También mi sueño en tu Voluntad, no
quiero otra cosa que tomar el verdadero reposo en los brazos de tu Querer”.
(2) Y Jesús: “Hija, extiende sobre todas las criaturas tu reposo como manto para cubrirlas a
todas, porque sólo en mi Querer hay verdadero reposo, y como Él lo envuelve todo, reposando