estiramiento mayor, tanto que me sentía asfixiar. Era el grito de la humanidad sumergida por
las pasiones, que apretándome la garganta me ahogaba de penas. Fue tremenda y horrible
esta pena mía al sentirme estirar los nervios, los huesos de la garganta con tal fuerza, que sentía
destrozarme todos los nervios de la cabeza, de la boca y hasta de los ojos; fue tal la tensión,
que cada pequeño movimiento me hacía sentir penas mortales; ahora me quedaba inmóvil y
ahora me contorsionaba tanto, que me sacudía en modo horrible sobre la cruz, que los mismos
enemigos quedaban aterrorizados. Por eso te repito, ánimo, mi Voluntad te dará fuerza para
todo”.
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14-57
Septiembre 5, 1922
Quien vive en la Voluntad de Dios, debe
encerrar en sí mismo toda la Creación.
(1) Mi siempre adorable Jesús continúa haciéndose ver con su corazón traspasado y
exacerbado a lo sumo, parecía que todas las penas de las criaturas eran inflingidas en aquel
corazón, ya que no sólo los pecados hieren aquel corazón, sino también los sufrimientos que se
ocasiona la misma criatura al no corresponder a la gracia, pero como hieren a un corazón que
ama, hiriendo aquel corazón, era tanto el amor, que buscaba transformar las mismas ofensas
en gracias y bendiciones. ¡Oh, bondad de Jesús! Es el único que puede darse la vanagloria de
que ama de verdad y en forma increíble a las criaturas; por eso también las penas de cada una
lo traspasaban, pero eran tantas las ofensas, que cambiaban en rayos las mismas gracias que
partían de aquel corazón santísimo, por eso me ha dicho:
(2) “Hija mía, cómo se ha vuelto insoportable el hombre, mis gracias se le cambian en castigos,
y se encamina a una revolución general, así que él mismo maquina su destrucción, ha llegado
a tanto que merece que lo castigue”.
(3) Y mientras esto decía, hacía ver males por todas partes, ciudades derrumbadas y males
de nuevo género. Después ha regresado nuevamente, cansado, pidiéndome ayuda en sus
penas; y soplándome de nuevo la parte del corazón me participaba, podría decir, la sombra de
sus penas, sin embargo a pesar de que eran sombras, si no estuviera Él junto a mí para darme
ayuda no habría podido resistir, ¿qué será de las penas de aquel corazón santísimo? Después,
calmándose me ha dicho:
(4) “Hija primogénita de mi Voluntad, así como mi Voluntad encierra todo, ahora dándote por
vida mi Querer, quiero encerrar también todo en ti. Recuerda que meses atrás fijé en ti una
rueda de sol, y con un diámetro te medí todo, y otra rueda descendió del Cielo, que fijándola en
ti dejaba tantos hilos de luz, y éstos estaban fijados en la Santísima Trinidad, y dejando todo
abierto entre tú y Nosotros, te dejé entonces sin darte ninguna explicación de mi obrar. Ahora,
después de haber trabajado tanto en ti durante todo este tiempo transcurrido, y debiendo cumplir
mi trabajo, quiero darte la explicación, a fin de que el sello de mi y de tu Querer, formando uno
solo dé cumplimiento a la misión a la cual te he llamado. Entonces, la rueda de luz que primero
fije en ti era toda la Creación, salida de la Divinidad toda amor, luz y belleza; el diámetro con el
cual te medí era para ver tus disposiciones y las que te faltaban, y poderlas poner para poder
fijar bien esta rueda y ponerla al seguro. La segunda rueda era la Divinidad que descendía en
ti, establecía lo que había creado en el Empíreo, lo fijaba en ti para poner en justas relaciones
lo que la Creación le debía. Ahora, debes saber que la Creación la he encerrado y confirmado
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