de que tu querer se preste a extenderse en el mío y no se le escape ninguna cosa creada por
Mí, a fin de que en todas las cosas escuche el eco de la Voluntad Divina en la voluntad humana,
a fin de que ahí genere mi semejanza. Mira hija mía, Yo sufrí doble muerte por cada una de las
criaturas, una de amor y la otra de pena, porque al crearla la creé un complejo todo de amor,
por lo cual no debía salir de ella otra cosa que amor, tanto que mi amor y el suyo debían estar
en continuas corrientes, pero el hombre no sólo no me amó, sino que ingrato me ofendió, y Yo
debía rehacer a mi Divino Padre de esta falta de amor, y debí aceptar una muerte de amor por
cada uno, y otra de dolor por las ofensas”.
(3) Pero mientras esto decía, veía a mi dulce Jesús todo una llama, que lo consumía y le daba
muerte por cada uno, es más, veía que cada pensamiento, palabra, movimiento, obra, paso,
etc., eran tantas llamas que consumían a Jesús y lovivificaban.
(4) Entonces Jesús ha agregado: “¿No quisieras tú mi semejanza? ¿No quisieras tú aceptar
las muertes de amor como aceptaste las muertes de dolor?”
(5) Y yo: “¡Ah! mi Jesús, yo no sé qué me haya sucedido, siento aún gran repugnancia por
haber aceptado las de dolor, ¿cómo podría aceptar las de amor que me parecen más duras?
Yo tiemblo al sólo pensarlo, mi pobre naturaleza se aniquila más, se deshace. Ayúdame, dame
la fuerza porque siento que no puedo seguir adelante”.
(6) Y Jesús todo bondad y decidido ha agregado: “Pobre hija mía, ánimo, no temas ni quieras
turbarte por la repugnancia que sientes; es más, para tranquilizarte te digo que también ésta es
una semejanza mía. Debes saber que también mi Humanidad, por cuan santa, deseosa a lo
sumo de sufrir, sentía esta repugnancia, pero no era mía, eran todas las repugnancias de las
criaturas que sentían en hacer el bien, en aceptar las penas que merecían, y Yo debía sufrir
estas penas que me torturaban no poco, para dar a ellas la inclinación al bien y hacerles más
dulces las penas, tanto, que en el huerto grité al Padre: ‘Si es posible pase de Mí este cáliz”.
¿Crees tú que fui Yo? ¡Ah no! Te engañas, Yo amaba el sufrir hasta la locura, amaba la muerte
para dar vida a mis hijos, era el grito de toda la familia humana que resonaba en mi Humanidad,
y Yo, gritando junto con ellos para darles fuerzas repetí tres veces: ‘Si es posible pase de Mí
este cáliz’. Yo hablaba a nombre de todos, como si fueran cosa mía, pero me sentía aplastar;
así que la repugnancia que sientes no es tuya, es el eco de la mía, si fuera tuya me habría
retirado, por eso hija mía, queriendo generar de Mí otra imagen mía, quiero que aceptes, y Yo
mismo quiero imprimir en tu voluntad ensanchada y consumida en la mía estas mis muertes de
amor”.
(7) Y mientras esto decía, con su santa mano me las imprimía, y ha desaparecido. Sea todo
para gloria de Dios.
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14-47
Julio 30, 1922
Luisa siente repugnancia de publicar los escritos. Lamentos de Jesús.
(1) Haciendo copiar, según la obediencia del confesor, de mis escritos lo que Jesús me había
dicho sobre las virtudes, yo quería hacerlo copiar sin decir que me lo había dicho Jesús, y Él al
venir, disgustándose me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿por qué quieres ocultarme? ¿Soy Yo acaso un deshonrado y por eso no
quieres que se haga mención de Mí? Cuando se dice un bien, un dicho, una obra, una verdad
de una persona deshonrada, no se quiere decir quién sea para no hacer perder la estima, la
gloria, el prestigio y el efecto que hay en aquel bien, en aquel dicho, etc., porque si se dice quién
es, no será apreciado y perderá todo lo bello, sabiendo que la fuente de donde viene no merece