ningún aprecio, en cambio, si es persona de bien y honorable, primero se dice el nombre de la
persona para hacer resaltar y apreciar mayormente lo que ha dicho o hecho, y después se dice
lo que ha hecho o dicho. ¿Así que Yo no merezco que mi nombre sea puesto por delante de
mis palabras? ¡Ah, cómo me tratas mal! No esperaba esta pena de ti, y sin embargo he sido
tan magnánimo contigo, te he manifestado tantas cosas de Mí, te he hecho conocer tantas
cosas, y las más íntimas de Mí, lo que no he hecho con los demás. Deberías haber sido más
magnánima en hacerme conocer, en cambio has sido la más tacaña. Los otros, aquél poco que
les he dicho, habrían querido tocar trompetas para hacerme conocer y amar, en cambio tú
quieres ocultarme, esto en verdad no me agrada”.
(3) Y yo, casi confundida y humillada a lo sumo le he dicho:
(4) “Mi Jesús, perdóname, Tú tienes razón, es la gran repugnancia que siento, ese deber
poner mi voluntad en el modo como debo salir me tortura. Tú ten piedad de mí, dame más
fuerza y gracia y ensancha más mi corazón, a fin de que jamás pueda darte esta pena”.
(5) Y Jesús: “Te bendigo a fin de que tu corazón reciba más Gracia y sea más dado en
hacerme conocer y amar”.
+ + + +
14-48
Agosto 2, 1922
Semejanza en la pena más grande de Jesús:
El alejamiento de la Divinidad en las penas.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, me veía toda confundida y como separada de mi
dulce Jesús, tanto que al venir le he dicho: “Amor mío, cómo han cambiado las cosas para mí,
antes me sentía tan fundida Contigo que no advertía ninguna división entre Tú y yo, y en las
mismas penas que sufría Tú estabas conmigo. Ahora todo al contrario, si sufro me siento
dividida de Ti, y si te veo ante mí o dentro de mí, es con aspecto de un juez que me condena a
la pena, a la muerte, y ya no tomas parte en las penas que Tú mismo me das, sin embargo me
dices: Elévate siempre más; en cambio yo desciendo”. Y Jesús interrumpiendo mi hablar me
ha dicho:
(2) “Hija mía, cómo te engañas, esto sucede porque tú has aceptado, y Yo he marcado en ti
las muertes y las penas que Yo sufrí por cada criatura. También mi Humanidad se encontraba
en estas dolorosas condiciones, Ella era inseparable de mi Divinidad, sin embargo, siendo mi
Divinidad intangible en las penas, y no capaz de poder sufrir sombra de penas, mi Humanidad
se encontraba sola en el sufrir, y mi Divinidad era sólo espectadora de las penas y muertes que
Yo sufría, más bien me era juez inexorable que quería el pago de cada pena de cada criatura.
¡Oh, cómo mi Humanidad temblaba, quedaba aplastada ante aquella luz y Majestad Suprema
al verme cubierto por las culpas de todos, y de las penas y muertes que cada uno merecía! Fue
la pena más grande de mi Vida, que mientras era una sola cosa con la Divinidad e inseparable,
en las penas permanecía solo y como apartado. Por eso, si te he llamado a mi semejanza, ¿qué
maravilla que mientras me sientes en ti me ves espectador de tus penas que Yo mismo te infrinjo
y te sientes como separada de Mí? No obstante tu pena no es otra cosa que la sombra de la
mía, y así como mi Humanidad no quedó jamás separada de la Divinidad, así te aseguro que
jamás quedas separada de Mí, son los efectos lo que sientes, pero entonces más que nunca
formo una sola cosa contigo, por eso ánimo, fidelidad y no temas”.
870 sig