14-45
Julio 24, 1922
Vínculos entre Jesús y todas las almas. Correspondencia a la Gracia.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido con una majestad y
amor encantadores y me ha hecho ver todas las generaciones, desde el primero hasta el último
hombre, cada uno de los cuales estaba vinculado y atado junto con mi dulce Jesús, y era tanta
la unión, que parecía que Jesús se multiplicaba para cada una de las criaturas, de modo que
cada uno lo tenía todo para sí, y que Jesús daba su Vida para sufrir cualquier pena y muerte
que cada una debía sufrir, para poder decir al Padre Celestial: “Padre mío, en cada criatura
tendrás otros tantos Yo mismo que te darán por cada una lo que cada una te debe”. Mientras
esto veía, mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quieres también tú aceptar el vínculo de cada ser, a fin de que entre Yo y tú no
haya ninguna desemejanza?”
(3) Yo no sé cómo sentía como si el peso de todos se apoyase sobre mis espaldas, veía mi
indignidad y debilidad, y sentía tal repugnancia que me sentía aniquilar, tanto que el bendito
Jesús teniendo compasión de mí me ha tomado entre sus brazos y me ha estrechado a su
corazón, haciéndome poner la boca en la herida que lo traspasaba diciéndome:
(4) “Bebe hija mía la sangre que brota de esta herida para recibir la fuerza que te falta, ánimo,
no temas, Yo estaré contigo, dividiremos juntos todo el peso, el trabajo, las penas y las muertes,
por eso te digo, sé atenta y fiel, porque mi Gracia quiere correspondencia, de otra manera se
necesita nada para descender. ¿Qué se necesita para abrir y cerrar los ojos? No se necesita
nada, sin embargo que gran bien lleva el tenerlos abiertos, y que gran mal el tenerlos cerrados,
con tenerlos abiertos los ojos se llenan de luz, de sol; con esta luz la mano puede obrar, el pie
caminar seguro y sin tropezar, distingue los objetos, si son buenos o malos, reordena las cosas,
lee, escribe; ahora, ¿qué se necesita para perder todo este bien? Cerrar los ojos, entonces la
mano no puede obrar, el pie no puede caminar y si camina está sujeto a tropezar, no distingue
más los objetos, se reduce a la inhabilidad. Tal es la correspondencia, no es otra cosa que abrir
los ojos del alma, y en cuanto los abre se hace luz en la mente, mi imagen se refleja en todo lo
que va haciendo, copiándome fielmente, de manera que no hace otra cosa que recibir continua
luz de Mí, tanto que llega a convertir todo su ser en luz. En cambio la incorrespondencia arroja
al alma en las tinieblas y la vuelve inactiva”.
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14-46
Julio 28, 1922
Semejanza del alma con Jesús, no sólo en las
muertes de dolor, sino también en las del amor.
(1) Me sentía toda inmersa en su Santísimo Querer, y mi dulce Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, funde tu inteligencia con la mía, a fin de que circule en todas las inteligencias de
las criaturas, y reciba el vínculo de cada uno de los pensamientos de ellas para sustituirlos con
tantos otros pensamientos hechos en mi Querer, y Yo reciba la gloria como si todos los
pensamientos fuesen hechos en modo divino. Ensancha tu querer en el mío, ninguna cosa debe
escapar que no quede atrapada en la red de la tuya y mía Voluntad; mi Querer en Mí y mi Querer
en ti deben confundirse juntos y tener los mismos confines interminables, pero tengo necesidad