cuantas muertes debía sufrir. Ahora, ¿quisieras tú que Yo marcara la tuya con tantas marcas
por cuantas fue marcada la mía, a fin de que cuantas muertes sufrí Yo sufras tú?”
(3) Yo he dicho Fiat, y Jesús con una maestría y velocidad al mismo tiempo, ha marcado la
mía con tantas marcas de muerte por cuantas tenía Él, diciéndome:
(4) “Sé atenta y fuerte en sufrir estas muertes, mucho más porque de estas muertes saldrá la
vida para tantas otras criaturas”.
(5) Ahora, mientras esto decía, con sus mismas manos creadoras me tocaba, y conforme me
tocaba creaba el dolor, tanto, de hacerme sentir penas mortales, me arrancaba el corazón, lo
hería de mil modos, ahora con flechas de fuego, y ahora con flechas de hielo que me hacían
titiritar, ahora lo apretaba tan fuerte que lo dejaba inmóvil; ¿pero quién puede decirlo todo? Sólo
Él puede decir lo que hace. Yo me sentía aplastada, aniquilada y casi temía que no tuviera la
fuerza, y Él, como queriendo reposar de las penas que me había dado, ha vuelto a decir:
(6) “¿De qué temes? ¿Tal vez que mi Querer no tenga fuerza suficiente para sostenerte en
las penas que quiero darte? ¿O bien que pudieras salir de los confines de mi Querer? Esto no
será jamás, ¿no ves cuántos mares inmensos ha extendido mi Querer en torno a ti, de modo
que tú misma no encuentras el camino para salir de Él? Todas las verdades, los efectos, los
valores, los conocimientos que te he manifestado, han sido tantos mares de los cuales has
quedado circundada, y otros mares continuaré extendiendo. Ánimo hija mía, todo esto es
necesario a la santidad del vivir en mi Querer, generar semejanza entre Yo y el alma. Esto hice
con mi Mamá, no toleré ni siquiera una pequeña pena, ni ningún acto o bien que hice, en que
Ella no tomase parte; una era la Voluntad que nos animaba, y por lo tanto cuando Yo sufría las
muertes, las penas, cuando obraba, Ella moría, penaba, obraba junto Conmigo, en su alma
debía ser copia fiel mía, de modo que reflejándome en Ella debía encontrar otro Yo mismo.
Ahora, lo que hice con mi Mamá lo quiero hacer contigo, después de Ella te pongo a ti, quiero
que sea reflejada la Santísima Trinidad sobre la tierra: Yo, mi Mamá y tú. Y esto es necesario,
que por medio de una criatura mi Querer tenga Vida obrante sobre la tierra, ¿y cómo puedo
tener esta Vida obrante si no doy lo que mi Querer contiene y lo que hizo sufrir a mi Humanidad?
Mi Querer tuvo verdadera Vida obrante en Mí y en mi inseparable Mamá; ahora quiero que la
tenga en ti, una criatura me es absolutamente necesaria, así mi Querer lo ha establecido, las
demás serán condicionadas”.
(7) Entonces yo me sentía toda confundida, comprendía lo que Jesús decía, y más me sentía
aniquilar, deshacer mi pobre ser; me sentía tan indigna que pensaba entre mí: “Qué
equivocación comete Jesús, hay tantas almas buenas a las cuales podría elegir”. Pero mientras
esto pensaba en mí, Él ha agregado:
(8) “Pobre hija, tu pequeñez junto a Mí se pierde, pero así lo he decidido, de la raza humana
debía tomarla; si no te tomaba a ti, tomaba a otra criatura, pero porque tú eres más pequeña te
he hecho crecer sobre mis rodillas, te he nutrido a mi seno como una pequeña niña, así que
siento en ti mi misma Vida y por eso he fijado sobre ti mis miradas, te he mirado y vuelto a mirar,
y complaciéndome he llamado al Padre y al Espíritu Santo a mirarte, y por consenso unánime
te hemos elegido, por eso no te queda otra que serme fiel, y abrazar con amor la vida, las penas,
los efectos, y todo lo que quiere nuestro Querer”.
+ + + +
867 sig