14-41
Julio 10, 1922
El vivir en el Divino Querer es repetir la Vida real de
Jesús no solamente en el alma, sino también en el cuerpo.
(1) Continuando mi habitual estado, sentía a mi siempre amable Jesús en mi interior, pero tan
real, que ahora sentía que me estrechaba tan fuerte el corazón que me hacía sufrir, ahora
estrechaba sus brazos a mi cuello y me sofocaba, ahora se sentaba sobre mi corazón, tomando
un aire imperante y de mando, y yo me sentía como aniquilar y luego resurgir a nueva vida bajo
su mandato, ¿pero quién puede decir lo que Él hacía en mi interior y lo que yo sentía? Creo
que es mejor pasarlo en silencio. Entonces mientras sentía su presencia real en mi interior me
decía:
(2) “Hija mía, elévate, elévate más, pero tanto de llegar al seno de la Divinidad, entre las
Divinas Personas será tu vida. Mira, para hacerte llegar a esto he formado mi Vida en ti, he
encerrado mi Querer eterno en lo que tú haces, y ahí corre en modo maravilloso y sorprendente;
mi Querer está obrante en ti en continuo acto inmediato. Ahora, después de haber formado mi
Vida en ti, con mi Querer obrante en ti, en tus actos, tu querer ha quedado impregnado,
transfundido en el mío, de modo que mi Querer tiene una vida sobre la tierra. Ahora es necesario
que te eleves y lleves contigo mi Vida, mi Querer, a fin de que mi Querer de la tierra y el del
Cielo se fundan juntos y tú hagas vida por algún tiempo en el seno de la Divinidad, donde tu
querer será obrante en el mío para poderlo ensanchar por cuanto la criatura puede ser capaz,
después descenderás de nuevo sobre la tierra llevando la potencia, los prodigios de mi Querer,
por los cuales las criaturas serán sacudidas, abrirán los ojos y muchos conocerán qué significa
vivir en mi Querer, vivir a semejanza de su Creador. Esto será el principio de que mi reino venga
sobre la tierra y que mi Querer tenga su último cumplimiento.
(3) ¿Crees que sea cosa de nada el vivir en mi Querer? No hay cosa que lo iguale, ni santidad
que lo iguale; es la Vida real, no fantástica como alguno puede imaginar, y ésta mi Vida está no
sólo en el alma, sino también en el cuerpo, ¿pero sabes tú cómo es formada esta mi Vida? Mi
Querer eterno es el del alma, y mi latido, latiendo en su corazón forma mi concepción; su amor,
sus penas y todos sus actos hechos en mi Querer forman mi Humanidad, y me hacen crecer
tanto que no puedo mantenerme escondido, ni ella puede hacer menos que sentirme. ¿No me
sientes tú, vivo en tu interior? Por eso te he dicho que a la santidad del vivir en mi Querer no
hay nada que la iguale, todas las otras santidades serán las pequeñas luces, y ella será el gran
sol transfundido en su Creador”.
(4) Ahora, por obedecer y con gran repugnancia digo cómo siento a Jesús en mi interior: Lo
siento en el lugar de mi corazón, casi en modo visible, ahora oigo que reza y muchas veces lo
oigo con los oídos del cuerpo, y yo rezo junto con Él; ahora que sufre y me hace sentir su respiro
entrecortado, afanoso, y lo siento en mi respiro, tanto que estoy obligada a afanarme junto con
Él, y como en Él están contenidas todas las criaturas, siento su respiro que como vida se difunde
en todos los movimientos y respiros humanos, y yo me difundo junto con Él. Ahora lo siento
gemir, agonizar; ahora lo siento mover los brazos y los extiende en los míos; ahora que duerme,
quedando en mi interior un profundo silencio; ¿pero quién pude decirlo todo? Sólo Jesús puede
decir lo que obra en mí, porque yo no tengo palabras suficientes para manifestarlo. Lo he hecho
sólo por obedecer, con sumo desgarro de mi alma y por temor de que mi Jesús pudiera
disgustarse, porque Él me tolera siempre que la obediencia no me mande, pero si la obediencia
manda, sólo me queda Fiat, de otra manera me aniquilaría. Espero que sea todo para gloria
suya y para confusión mía.
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