suspiradas y se tienen como naderías, ¡qué dolor! Pero Yo cuando veo que ellos hacen a un
lado mis verdades, Yo los hago a un lado a ellos, y hago hacer su curso a mis verdades con las
almas que las aman y las suspiran, y se sirven de la luz de ellas para modelar sus vidas y
hacerse con ellas una sola cosa. ¿Crees tú que te haya dicho todo de las verdades, de los
efectos y valor que mi verdad contiene? ¡Oh! cuántos otros soles debo hacer surgir, no te
asombres si no comprendes todo, conténtate con vivir de su luz, y esto me basta”.
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14-39
Junio 26, 1922
El aislamiento y la soledad de Jesús en medio de las criaturas.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido, y como desde hace
algunos días yo me encontraba como atada, tanto que me sentía impotente aun para moverme,
me ha dicho tomando mis manos en las suyas:
(2) “Hija mía, deja que Yo te desate”.
(3) Y poniéndose junto a mí ha puesto mis brazos sobre sus hombros diciéndome:
(4) “Ahora estás libre, estréchame a ti, pues he venido para hacerte compañía y recibir en
correspondencia la tuya. Mira, Yo soy el Dios aislado por las criaturas, vivo en medio de ellas,
soy vida de cada uno de sus actos y me tienen como si no existiera con ellas. ¡Oh! cómo lloro
mi soledad, me ha tocado la misma suerte del sol, que mientras él vive con su luz y calor en
medio de todos, no hay fecundidad que de él no venga, con su calor purifica la tierra de tantas
inmundicias, sus bienes son incalculables y con magnanimidad los hace descender sobre todos,
pero él en lo alto vive siempre solo, y el hombre ingrato no le da jamás un gracias, un testimonio
de agradecimiento. Así estoy Yo, ¡solo!, siempre solo, mientras que estando en medio de ellos
soy luz de cada pensamiento, sonido de cada palabra, movimiento de cada obra, paso de cada
pie, latido de cada corazón, y el hombre ingrato me deja solo, no me dice un gracias, un te amo;
quedo aislado en la inteligencia, porque de la luz que les doy se sirven para ellos y tal vez para
ofenderme; quedo aislado en las palabras, porque el sonido que forman muchas veces sirve
para blasfemarme; quedo aislado en sus obras, de las que se sirve para darme muerte; en los
pasos, en el corazón, atentos sólo a desobedecerme y a amar lo que a Mí no pertenece. ¡Oh,
cómo me pesa esta soledad! Pero mi amor, mi magnanimidad son tan grandes, que más que
sol continúo mi curso, y en mi curso voy investigando si alguno quiere hacerme compañía en
tanta soledad, y encontrándolo, con él formo mi compañía perenne y lo abundo de todas mis
gracias. He aquí por qué he venido a ti, estaba cansado de tanta soledad, no me dejes jamás
solo hija mía”.
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14-40
Julio 6, 1922
Bendición de Jesús a su Mamá. Quien vive en la Divina
Voluntad es depositaria de la Vida Sacramental de Jesús.
(1) Estaba pensando y acompañando a Jesús en la hora de la Pasión cuando fue ante la
Divina Mamá para pedirle su santa bendición, y mi dulcísimo Jesús en mi interior me ha dicho: