(2) “Hija mía, yo poseo tales contentos, felicidad y bienaventuranzas, que podría dar a cada
instante siempre nuevas alegrías y bienaventuranzas, así que cada vez que el alma obra en mi
Querer, me da el campo para hacer salir nuevas bienaventuranzas y nuevos contentos que Yo
poseo, y como mi Querer es inmenso e invade a todos y a todo, así, conforme salen corren
sobre el alma que está obrando en mi Querer, como causa primaria de que mis
bienaventuranzas sean hechas salir, y después circulan en todos, en el Cielo y en la tierra.
Entonces, por cuantas veces obres en mi Querer, tantas bienaventuranzas y alegrías de más
me haces poner fuera, y Yo siento el contento de participar las alegrías que poseo. Mi Voluntad
quiere hacer salir lo que posee, pero va buscando quién le dé la ocasión, quién esté dispuesto
a recibirlo, quién prepare un lugarcito en su alma donde poner estos mis nuevos contentos.
Ahora, el alma con querer hacer mi Voluntad, abre las puertas de mi Querer, y vaciándose de
su querer me prepara un lugarcito donde poner mis bienes, y entrando a obrar en mi Voluntad
me da la ocasión de hacer salir de Mí nuevas bienaventuranzas, por eso con ansia espero que
el alma venga a obrar en mi Querer eterno, para hacer salir de Mí una nueva alegría y hacerme
conocer que soy aquel Dios que no me agoto jamás, y que siempre tengo que dar a quien hace
mi Voluntad”.
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14-38
Junio 23, 1922
Las verdades son más que soles. Quien no está vacío del todo de su
querer, no puede tener un cierto conocimiento del Querer Divino.
(1) Estaba pensando entre mí: “Jesús dice tantas cosas de su Santísimo Querer, pero parece
que no es comprendido, y aun los mismos confesores parecen dudosos, y delante a una luz tan
inmensa no quedan ni iluminados, ni movidos a amar a un Querer tan amable”. Ahora, mientras
esto pensaba, mi siempre amable Jesús, poniéndome un brazo en el cuello me ha dicho:
(2) “Hija mía, no te asombres por esto, quien no está vacío del todo de su querer, no puede
tener un cierto conocimiento del mío, porque el querer humano forma las nubes entre mi Querer
y el suyo, e impide el conocimiento del valor y efectos que el mío contiene; pero a pesar de esto
no pueden decir que no es luz. Mira, tampoco las cosas que se ven aquí en la tierra son
comprendidas por el hombre, ¿quién puede decir cómo hice para crear el sol, cuánta luz y calor
contiene? Sin embargo lo ven, gozan de sus efectos, todo el día está con ellos, su calor y luz
los siguen por todos lados, y con todo esto ni saben ni pueden decir su altura, la luz y el calor
que posee, y si alguno quisiera elevarse para conocer esto, la luz lo eclipsaría y el calor lo
quemaría, así que el hombre está obligado a tener los ojos bajos y gozarse la luz sin poderlo
investigar, y contentarse con decir: ‘Es sol”. Entonces, si esto sucede con el sol que se ve y
que Yo creé para el bien natural del hombre, mucho más con las verdades que contienen, ¡oh!
cuánta más luz y calor que el mismo sol, especialmente las verdades que se refieren a mi
Voluntad, que contienen efectos, bienes y valor eternos; ¿quién puede medir todo lo que Ella
contiene? Sería quererse eclipsar, sería mejor bajar la frente y gozarse la luz que lleva mi
verdad, amarla y hacer suya aquella pequeña luz que comprende la inteligencia humana y no
hacer que, porque no comprenden toda la plenitud de la luz, la hagan a un lado como cosa que
a ellos no pertenece; así que del sol no comprendido se goza de su luz por cuanto más se puede,
se sirve de ella para obrar, para caminar, para mirar, y ¡oh! cómo se suspira el día para que la
luz les haga compañía y viva con ellos. Además, mis verdades, que son más que luz, que hacen
despuntar el sol del día en las mentes humanas, no son tomadas en cuenta, ni amadas, ni
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