todas las cosas presentes a todos, como al principio de todas las cosas como hasta el fin. He
aquí por qué desde el primer instante de mi concepción, la potencia de mi Querer formaba tantas
concepciones mías por cuantas criaturas salían a la existencia; mis palabras, los pensamientos,
las obras, los pasos, los multiplicaba, los extendía desde el primero hasta el último de los
hombres. La potencia del Querer eterno, mi sangre, mis penas, las convertía en mares
inmensos de los que todos podían servirse, si no fuera por el prodigio del Querer Supremo, mi
misma Redención hubiera sido individual, circunscrita y sólo para alguna generación.
(3) Ahora, mi Voluntad no ha cambiado, tal cual era, es y será, mucho más pues habiendo
venido Yo a la tierra, vine a atar nuevamente la Voluntad Divina a la humana, y quien no huye
de este nudo y se da en poder de Ella, haciéndose preceder, acompañar y seguir, encerrando
su acto dentro de mi Querer, lo que sucedió de Mí sucede del alma. Mira, a medida que tú
fundías tus pensamientos, tus palabras, tus obras, tus reparaciones, tu pequeño amor en mi
Querer, los extendía, los multiplicaba y se hacían antídoto de cada pensamiento, de cada
palabra, de cada obra, se hacían reparación de cada ofensa, amor por cada amor que se me
debe, y si esto no sucede es por defecto de la voluntad humana, que no dejándose del todo en
poder de la Voluntad Divina, no toma todo ni puede darse a todos, por lo tanto siente las
sensaciones de lo humano que la hacen infeliz, la limitan, la empobrecen y la hacen parcial. He
aquí el por qué todo mi interés es que tu querer haga vida en el mío, y que comprendas bien
qué significa vivir en Él, por cuanto a criatura es posible, porque si haces esto habrás obtenido
todo y me darás todo”.
(4) Dicho esto desapareció. Pero después ha agregado de nuevo y se hacía ver todo llagado,
pero esas llagas formaban tantas celdas en las cuales Jesús llamaba a las almas para
encerrarlas en ellas y ponerlas al seguro, entonces yo le he dicho: “Amor mío, ¿y mi celda cuál
es? A fin de que encerrándome en ella no salga más”.
(5) Y Jesús: “Hija mía, para ti no hay celdas en mi cuerpo, porque quien vive en mi Querer no
puede vivir en un apartamento mío, sino debe vivir en el latido de mi corazón. El latido es el
centro y la vida del cuerpo humano, si cesa el latido cesa la vida, el latido mantiene la circulación
de la sangre, el calor, la respiración, por consiguiente la fuerza, la actividad de los miembros; si
el latido no es regular toda la actividad humana está en desorden, aun la misma inteligencia
pierde la vivacidad, el ingenio, la plenitud de la luz intelectual, porque al crear al hombre le puse
en el corazón un sonido especial, al cual até la armonía eterna, de manera que si el latido está
sano, todo es armonía en la criatura. Ahora, mi Voluntad es como el latido en la criatura, si Ella
late armoniza la santidad, armonizan las virtudes, armoniza entre el Cielo y la tierra; su armonía
se extiende hasta la Trinidad Sacrosanta, he aquí por qué para ti es mi latido el que se ofrece
como celda para encerrarte dentro, y latiendo con un solo latido armonices entre el Cielo y la
tierra, circules en el pasado, en el presente y en el futuro, en todo te encuentres tú circulante en
Mí y Yo en ti”.
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14-37
Junio 19, 1922
Cada vez que el alma obra en el Divino Querer da campo a Jesús
para poner fuera nuevas bienaventuranzas y nuevos contentos.
(1) Continuando mi habitual estado, me sentía abismada en el Querer Supremo de mi dulce
Jesús, me parecía que cada pequeño acto mío hecho en el Divino Querer hacía salir nuevos
contentos desde dentro de la Majestad Divina, y mi amable Jesús me ha dicho: