(2) “Hija mía, es verdad que la vida espiritual debe ser un continuo martirio, porque debe ser
semejante al primero y al más grande de los mártires, el cual fui Yo, y si no fuera así, no se
puede dar verdadero nombre de vida espiritual, sino larva y sombra de ella. Además, es
necesario que sufra varios cambios, y esto es para hacerla llegar a debida estatura y para
volverla noble, bella y perfecta. Si la misma naturaleza humana, menos importante, sufre quién
sabe cuántos cambios para hacerla llegar a la debida estatura, mucho más la espiritual que es
más importante y superior a la vida natural, es más, la vida natural simboliza a la vida espiritual.
Observa un poco cuántos cambios sufre la vida natural: Ella es concebida dentro del seno
materno y está ahí por nueve meses para formar bien el cuerpecito, y cuando está formado es
obligado a salir, y si quisiera continuar dentro moriría, porque faltando el espacio para crecer se
sofocaría, arriesgando su vida y la de su mamá. Ahora, si esta concepción se formase fuera de
un seno materno, ¿quién debería prestar la sangre, el calor para formar el cuerpecito? Y
además, siendo los miembros ternísimos, el aire mismo lo mataría; luego, ¿cuánta cautela no
se necesita para el recién nacido? El calor, el frío, la misma estrechez del seno materno le
pueden ser de muerte; he aquí el por qué de pañales, cuna, leche; si se quisiera dar otro
alimento, el pequeño no sabría como masticarlo, así que se pondría en peligro su vida; pero
después llega el tiempo en el cual se hace capaz de tomar otro alimento, de quitarse los pañales,
y se aprende a dar los primeros pasos. Mira, no estamos más que en la infancia y ya ha sufrido
tres cambios; ahora, ¿qué se diría si este pequeño viéndose puesto en tierra para hacerle dar
el primer paso, temiendo ser soltado por los brazos de la mamá, grita, llora y no quiere saber
nada? Sería de lamentarse, porque en brazos de la mamá jamás se haría hombre, sin
movimiento no se volvería fuerte ni desarrollado.
(3) Ahora vengamos a la verdadera vida espiritual, ella se concibe en mi seno; mi sangre, mi
amor, mi aliento la forman; después la alimento a mi pecho, la fajo con mis gracias; luego paso
a hacerla caminar con mis verdades, pero no es mi propósito formar una niña juguetona, sino
formar una copia toda semejante a Mí, por eso entran los cambios, que no son para otra cosa
que para hacerla llegar a edad madura y darle todos aquellos privilegios y prerrogativas que
contiene la verdadera vida espiritual, de otra manera permanecerá como niña en pañales, que
en lugar de formar mi honor y mi gloria, formaría mi dolor y deshonor, y cuántas hay que
permanecen solamente recién nacidas, o a lo más en pañales, y poquísimas son las que trabajan
junto Conmigo para hacer de ellas una copia de Mí”.
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14-36
Junio 15, 1922
El latido divino es la celda del alma que vive en el
Querer Divino, y Éste armoniza todo en la criatura.
(1) Continuando mi habitual estado, estaba pensando en el Santo Querer de Dios, y mientras
me fundía en Él, mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad eterna fue el punto central de mi Vida, desde el primer acto de mi
concepción hasta el último respiro me precedió, me acompañó, haciéndose vida de cada acto,
y me seguía, encerrando mi acto en el ámbito eterno de mi Querer, del cual no encontraba la
salida; y como mi Voluntad eterna era inmensa, no había punto que no abarcara, ni generación
en la cual Ella no debía dominar, así que era para Ella como connatural formar mis actos,
multiplicarlos por todos como si fuese para uno solo. Uno puede dar lo que tiene, por cuanta
potencia tenga no puede dar más de lo que posee; ahora, mi Voluntad poseía la Inmensidad, el
poder de la multiplicación de los actos por cuantos quería, poseía la eternidad en la que envolvía
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