(5) Yo he quedado confundida y temblaba de verdad al ver el aspecto severo de Jesús, y en
el fondo de mi corazón imploraba perdón y piedad, y Él, tomando un aspecto más suave:
(6) “Prométeme no decirlo más, y para hacerte ver que te amo quiero hacerte sufrir dándote
parte en mis penas”.
(7) Entonces después de haber sufrido un poco, ha continuado:
(8) “Ahora quiero hacerte ver cómo te amo”.
(9) Y me hacía ver su corazón abierto, y de dentro salían mares inmensos de potencia, de
sabiduría, de bondad, de amor, de belleza, de santidad, y en el centro de cada uno de estos
mares estaba escrito: “Luisa, hija de mi inmensidad, hija de mi potencia, hija de mi sabiduría,
hija de mi bondad, hija de mi amor, hija de mi belleza, hija de mi santidad”. Yo por cuanto más
veía, tanto más quedaba confundida, y Jesús continuó:
(10) “¿Has visto cuánto te amo, y cómo no sólo en mi corazón, sino en todos mi atributos llevo
escrito tu nombre? Y este nombre tuyo escrito en Mí hace abrir siempre nuevas corrientes de
gracia, de luz, de amor, etc., hacia ti, ¿y no obstante dices que no te amo? ¿Cómo puedes
siquiera sospecharlo?”
(11) Sólo Jesús sabe cómo he quedado aplastada, pensando que había ofendido a mi Jesús,
y además en su presencia. ¡Oh, Dios, qué pena, cómo es fea la culpa!
+ + + +
14-30
Mayo 19, 1922
El Divino Querer en el Cielo es felicitante, en la tierra es obrante
y multiplica su Vida, sus bienes, en el acto de la criatura.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hacía ver dentro de mi
interior, en el cual abriéndose una como puertecita, apoyaba sus brazos y asomaba su cabeza
para ver qué cosa hacían las otras criaturas. Yo miraba junto con Jesús, ¿pero quién puede
decir los males que se veían, las ofensas que se hacían y los castigos que lloverán? Era
horrorizante esta vista tan dolorosa; y también veía a nuestro pobre país golpeado por el flagelo
divino. Entonces yo, viendo que Jesús miraba con una ternura de amor y de dolor, mientras que
días antes me había sido imposible hacerlo dirigir su rostro y su mirada hacia las criaturas, le he
dicho:
(2) “Amor mío y vida mía, mira cuánto sufren nuestros queridos hermanos, ¿no quieres tener
piedad? Con cuántas ganas sufriría todo con tal de hacer que ellos fueran perdonados. Mira,
esto es un deber que me impone el estado de víctima, tu imitación; ¿no sufriste todo por
nosotros? ¿Y cómo quieres que no sufra yo para librarlos de los castigos, y que no te imite,
mientras que Tú sufriste tanto?” Y Jesús interrumpiendo mi hablar me ha dicho:
(3) “Ah, hija mía, ha llegado a tanto el hombre que no puedo mirarlo sino con horror, y si lo
miro es sólo desde dentro de ti, porque encontrando en ti todas las ternuras de mi Humanidad,
mis oraciones, me siento movido a mirarlo con compasión, y por amor tuyo preservaré sus vidas.
El hombre tiene necesidad de purificaciones fuertes, de otra manera no se desengaña, y por
eso arrollaré todo para renovar todo, haré cosas imprevistas, castigos nuevos de los cuales el
hombre no podrá encontrar la causa, y esto para confundirlo, pero tú no temas, por amor tuyo
disminuiré alguna cosa. Siento en ti como sentía en mi Humanidad la corriente de las
comunicaciones con todas las criaturas, y por esto me es duro no darte y no contentarte en
nada”.