(4) Y Jesús: “¿Por qué te espantas? En mi Querer no puedes eximirte de hacer lo que hago
Yo, la cosa es connatural y es propiamente esta la santidad en mi Querer, el no hacer nada
propio, sino hacer lo que hace Dios. Y además, mi justicia es santidad y amor, es equilibrar los
derechos divinos; si no tuviese la justicia faltaría toda la plenitud de la perfección a mi Divinidad,
así que si tú quieres vivir en mi Querer y no quieres tomar parte en los actos de justicia, la
santidad hecha en mi Querer no tendría su pleno cumplimiento, son dos aguas fundidas juntas,
en que una está obligada a hacer lo que hace la otra; en cambio si están separadas, cada una
hace su camino. Así mi Voluntad y la tuya son las dos aguas fundidas juntas, y lo que hace una
debe hacer la otra, por eso siempre en mi Voluntad te quiero”.
(5) Entonces me he abandonado toda en su Voluntad, pero sentía gran repugnancia por la
justicia, y mi dulce Jesús regresando me ha dicho:
(6) “Si supieras cómo me pesa usar la justicia y cuánto amo a las criaturas. Toda la Creación
es para Mí como el cuerpo al alma, como la cáscara al fruto, Yo estoy en continuo acto inmediato
con el hombre, pero las cosas creadas me ocultan, como el cuerpo esconde al alma, pero si no
fuese por el alma el cuerpo no tendría vida, así si me retirase de las cosas creadas todas
quedarían sin vida, así que en todas las cosas creadas Yo visito al hombre, lo toco y le doy la
vida: Estoy oculto en el fuego y lo visito con el calor, si Yo no estuviera, el fuego no tendría
calor, sería fuego dibujado y sin vida, y mientras Yo visito al hombre en el fuego, él no me
reconoce ni me da un saludo. Estoy en el agua y lo visito con quitarle la sed, si Yo no estuviera,
el agua no quitaría la sed, sería agua muerta, y mientas Yo lo visito, él me pasa por delante sin
hacerme ni una inclinación. Estoy escondido en el alimento y visito al hombre con darle la
sustancia, la fuerza, el gusto, si Yo no estuviera, el hombre tomando el alimento quedaría en
ayunas, no obstante, ingrato, mientras se alimenta de Mí me vuelve la espalda. Estoy escondido
en el sol y lo visito con mi luz casi a cada instante, pero ingrato me corresponde con continuas
ofensas. En todas las cosas lo visito, en el aire que respira, en la flor que perfuma, en el
vientecillo que refresca, en el trueno que cae, en todo; mis visitas son innumerables, ¿ves cuánto
lo amo? Y tú estando en mi Voluntad estás junto Conmigo en visitar al hombre y en darle la
vida, por eso no te espantes si alguna vez concurres a la justicia”.
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14-29
Mayo 15, 1922
Lamentos y temores de Luisa. Jesús le hace ver cuánto la ama.
(1) Continuando mi habitual estado, me sentía toda oprimida por la privación de mi dulce
Jesús. Ahora, mientras rezaba he sentido como si una persona estuviera detrás de mi espalda,
y yo no sabiendo que era Jesús tuve un escalofrío de miedo, y Él ha extendido su brazo, y
tomando mi mano en la suya me ha dicho:
(2) “Luisa, no temas, soy Yo”.
(3) Y yo, oprimida como estaba y cansada de esperarlo he dicho: “Se ve, ¡oh! Jesús, que ya
no me quieres como antes, me has quitado todo, hasta el sufrir; me habías quedado sólo Tú, y
frecuentemente te desapareces y no sé cómo hacer, ni donde encontrarte; ¡ah! es verdad, ya
no me quieres”. Y Jesús tomando aspecto digno, que hacía temer, ha agregado:
(4) Tú me ofendes al decirme que ya no te quiero como antes, pon mucha atención, pues la
sola sospecha de que no te amo es para Mí la más grande afrenta ¡Cómo, no te amo! ¡Cómo,
no te amo! ¿Así que tienes por nada todas las gracias que te estoy haciendo?”