Mira, la herida que ves en el centro de mi corazón, de donde brota la llamita, es precisamente
la tuya, pero consuélate, porque si me da sumo dolor, también me da sumo amor. Tú quédate
tranquila y Yo seguiré adelante en cumplir mi justicia, pero no te dejo, volveré frecuentemente,
aunque sea como relámpago, no dejaré de hacerte mis pequeñas visitas”.
+ + + +
14-28
Mayo 12, 1922
La santidad en el Divino Querer: No hacer
nada propio, sino hacer lo que hace Dios.
(1) Estaba pensando entre mí: “¿Quién sabe en qué cosa lo he ofendido, que mi dulce Jesús
no viene según su costumbre? ¿Cómo puede ser posible que sin motivo alguno, la bondad de
su corazón santísimo, que fácilmente cede ante quien lo ama, deba resistir a tantas llamadas
mías?” Ahora, mientras éstas y otras cosas pensaba, ha salido de mi interior, cubriéndome toda
bajo un manto de brillantísima luz, de modo que yo no veía otra cosa que luz, y me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿de qué temes? Mira, para hacerte estar segura y bien defendida te he
circundado bajo este manto de luz, a fin de que ninguna criatura, ni ninguna cosa pueda hacerte
daño, y además, ¿por qué quieres perder el tiempo con pensar que me has ofendido? Para
quien vive en mi Querer, el veneno de la culpa no ha entrado, y además tu Jesús te fulminaría
si te viese aun con pequeñas manchas de pecados y te pondría fuera del cerco de mi Voluntad,
y tú perderías rápidamente la actitud de obrar en mi Querer. ¡Ah! hija, la santidad en mi Querer
no es aún conocida; cada especie de santidad tiene su distintivo especial, muchos, al oír que
vengo tan frecuentemente a ti se asombran, no habiendo sido mi costumbre hacerlo con otras
almas. La santidad en mi Querer es inseparable de Mí, y para elevar al alma al nivel divino me
es necesario tenerla, o ensimismada con mi Humanidad, o en la luz de mi Divinidad, de otra
manera ¿cómo podría tener el alma la actitud de su obrar en mi Querer, si mi obrar y el suyo no
fuese uno solo? Ahora, el alma que vive en mi Querer toma parte en todos mis atributos y junto
Conmigo corre en cada acto mío, por lo tanto debe correr Conmigo aun en los actos de justicia.
He aquí por qué cuando quiero castigar te oculto mi Humanidad, la cual es más accesible a la
naturaleza humana, y tú a los reflejos de mi Humanidad sientes el amor y la compasión que
tengo hacia las almas, y me arrancas los flagelos con los cuales quiero castigarlas, pero cuando
ellas hacen tanto que me obligan a castigarlas, ocultándote mi Humanidad te elevo en la luz de
mi Divinidad, la cual absorbiéndote y haciéndote feliz en Ella, tú no sientes los reflejos de mi
Humanidad, y Yo quedando libre castigo a las criaturas, así que, o te manifiesto mi Humanidad
haciéndote concurrir junto Conmigo a los actos de misericordia hacia las criaturas, o te absorbo
en la luz de mi Divinidad haciéndote concurrir a los actos de justicia. Es siempre Conmigo que
estás, es más, cuando te absorbo en la luz de mi Divinidad, es más grande la gracia que te hago,
y tú porque no ves mi Humanidad te lamentas de que te privo de Mí, y no aprecias la gracia que
recibes”.
(3) Y yo al oír que concurría a los actos de justicia, espantada le dije: “Amor mío, ¿así que
ahora que estás castigando a las criaturas haciendo caer las casas, estoy yo junto Contigo en
el hacer eso? ¡No, no, el Cielo me guarde de tocar a mis hermanos! Cuando Tú quieras
castigarlos yo me haré pequeña en tu Querer, no me difundiré en Él, para no tomar parte en lo
que haces Tú; en todo quiero hacer lo que Tú haces, pero en esto de castigar a las criaturas,
no, jamás”.
852 sig