(3) Después, como acto segundo concurrí Yo, Hijo de Dios, dotando al hombre de inteligencia,
comunicándole mi sabiduría, la ciencia de todas las cosas, a fin de que conociéndolas pudiese
gustar y hacerse feliz en el bien. Pero, ¡ay de Mí! Qué mar de vicios es la inteligencia de la
criatura, de la ciencia se ha servido para desconocer a su Creador.
(4) Y después, como acto tercero concurrió el Espíritu Santo, dotándolo de memoria, a fin de
que recordándose de tantos beneficios, pudiera estar en continuas corrientes de amor, en
continuas relaciones, el amor debía coronarla, abrazarla e informar toda su vida. Pero cómo
queda contristado el Eterno Amor! Esta memoria se recuerda de los placeres, de las riquezas
y hasta de pecar, y la Trinidad Sacrosanta es puesta fuera de los dones dados a su criatura. Mi
dolor fue indescriptible al ver la deformidad de las tres potencias del hombre, habíamos formado
nuestra morada en él, y él nos había arrojado fuera”.
+ + + +
14-21
Abril 12, 1922
El pecado rompe la corriente del amor, y abre la corriente de la justicia.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús se hacía ver todo afligido, casi en
acto de dar curso a la justicia, pero como forzado por las mismas criaturas. Yo le he pedido que
disminuyera los castigos y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, entre Creador y criatura no hay otra cosa que corrientes de amor, el pecado
rompe esta corriente y abre la corriente de la justicia; mi justicia defiende los derechos de mi
amor ultrajado, de mi amor despedazado entre Creador y criatura, y haciéndose camino en
medio de ellas quisiera reunir este amor despedazado. ¡Ah! si el hombre no pecara, mi justicia
no tendría qué hacer con la criatura, conforme comienza la culpa, así la justicia se pone en
camino, ¿crees tú que Yo quisiera castigar al hombre? No, no, más bien me duele, me es duro
el tocarlo, pero es él mismo quien me fuerza y me induce a castigarlo. Tú reza para que el
hombre se arrepienta, así la justicia reuniendo rápidamente la corriente del amor, podrá
retirarse”.
+ + + +
14-22
Abril 13, 1922
El alma que vive en el Querer Divino
vive en el seno de la Santísima Trinidad.
(1) Estaba rezando mis acostumbradas oraciones, y mi siempre amable Jesús,
sorprendiéndome por detrás, me ha llamado por mi nombre diciéndome:
(2) “Luisa, Hija de mi Querer, ¿quieres tú vivir siempre en mi Querer?”
(3) Y yo: “Sí, oh Jesús”.
(4) Y Él: “¿Pero realmente es verdad que quieres vivir en mi Voluntad?”
(5) Y yo: “Es en verdad Amor mío, no sabría ni me adaptaría a vivir de otra voluntad”.
(6) Y de nuevo Jesús: “¿Pero lo dices firmemente?”
(7) Entonces, sintiéndome confundida y casi temiendo he agregado: “Vida mía, Jesús, Tú me
haces temer con estas preguntas, explícate mejor, firmemente lo digo, pero siempre ayudada
846 sig