la inteligencia humana, y mi Padre recibía no sólo de Mí, sino también de ti la gloria divina por
parte de todas las inteligencias creadas, y así de las palabras y de todo lo demás. Y no sólo por
parte de las criaturas rescata esta gloria divina, sino por parte de todas las otras cosas creadas,
porque todas las cosas fueron creadas para hacer correr continuo amor hacia el hombre, y el
hombre por justicia debería dar por cada cosa creada, homenaje, amor a su Creador. Ahora,
¿quién suple a esto? ¿Quién hace suyo este Fiat por el cual todas las cosas fueron hechas,
para difundir sobre todo un homenaje, una adoración, un amor Divino a su Creador? ¡Quien
vive en mi Querer! Casi a cada palabra suya hace suyo aquel Fiat Omnipotente, el eco del Fiat
eterno hace eco en su Fiat Divino en el cual vive y se difunde, corre, vuela, y en cada cosa
creada imprime otro Fiat, y da nuevamente a su Creador el homenaje, el amor por Él queridos.
Esto lo hice Yo cuando estuve en la tierra, no hubo cosa alguna por la que Yo no correspondiera
a mi Divino Padre por parte de todas las criaturas; ahora lo hace, lo quiero, lo espero, de quien
vive en mi Querer. Si tú vieras cómo es bello ver en cada parpadeo de estrella, en cada gota
de luz del sol mi gloria, mi amor, mi profunda adoración unida a la tuya, ¡oh! cómo corre, cómo
vuela sobre las alas de los vientos llenando toda la atmósfera, cómo recorre las aguas del mar,
cómo se apoya en cada planta, en cada flor, cómo se multiplica en cada movimiento; es una voz
que hace eco sobre todo y dice: ‘Amor, gloria, adoración a mi Creador’. Por eso quien vive en
mi Voluntad es el eco de mi voz, la repetidora de mi Vida, la perfecta gloria de mi Creación,
¿cómo no debo amarla? ¿Cómo no debo darle todo lo que debería dar a todas las otras criaturas
juntas, y hacerla tener el primado sobre todo? ¡Ah! mi amor se metería en estrechuras si no lo
hiciera!”
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14-18
Abril 1, 1922
El momento más humillante de la Pasión de Jesús fue el ser vestido
y tratado como loco. Cada pena que sufrió Jesús, no era otra cosa
que el eco de las penas que merecían las criaturas.
(1) Paso días amarguísimos por la privación de mi dulce Jesús, y si se hace ver es casi como
rayo que huye. ¡Qué pena! ¡Qué desgarro! Mi mente era molestada por el pensamiento de que
no habría regresado más mi vida, mi todo. ¡Ah, todo para mí ha terminado! ¿Qué haré para
volverlo a encontrar? ¿A quién me dirigiré? ¡Ah! nadie se mueve a piedad de mí. Mientras esto
y más pensaba, mi amable Jesús ha venido y me ha dicho:
(2) “Pobre hija mía, pobre hija mía, cuánto sufres, tu estado doloroso sobrepasa al mismo
estado de las almas purgantes, porque si éstas están privadas de Mí, son las culpas con las que
se ven ensuciadas las que les impiden verme y ellas mismas no osan venir ante Mí, porque
frente a mi Santidad infinita no hay pequeño defecto que pueda resistir mi presencia; y si esto lo
permitiera, que estuvieran sucias ante Mí, para ellas sería el más grande tormento, que
superaría las mismas penas del infierno. La más grande tortura que podría dar a un alma, sería
tenerla manchada ante Mí, y Yo para no torturarla mayormente la dejo purgar primero y después
la admito en mi presencia. Pero entre Yo y la pequeña hija de mi Querer no son las culpas las
que me impiden hacerme ver, es mi justicia que se interpone entre Yo y ella, por eso tu pena de
no verme supera cualquier pena. Pobre hija, ánimo, te ha tocado mi misma suerte, cómo son
terribles las penas de la justicia, y puedo participarlas sólo a quien vive en mi Voluntad, porque
se necesita una fuerza divina para sostenerla, pero no temas, volveré pronto a los modos