(4) “¡Ah! Tú quisieras hacer como el sol si quisiera concentrar en un punto más fuertemente
su luz, su calor, para poder calentarlo e iluminarlo tanto, de convertir aquel punto en el mismo
sol, mientras hace su curso regular sobre todas las otras cosas”.
(5) Y yo: “Sí, sí, es propiamente esto, es el peso de la gratitud que siento lo que me empuja
a esto”. Jesús ha sonreído al oírme, y ha continuado:
(6) “Si es así, hazlo entonces, pero tú debes saber que como mi Voluntad domina todo, se
encuentra por todas partes, sostiene a todos, es conocida por el Cielo, por la tierra y hasta por
los demonios, no hay ninguno que pueda oponerse a Ella. Así el alma que hace mi Voluntad
debe dominar todo, encontrarse por todas partes, sostener todo, y quiero que sea conocida por
todos”.
(7) Y yo: “Amor mío, yo no soy conocida por ninguno”.
(8) Y Él: “Cómo, ¿no te conoce ninguno? Te conocen todos los santos y ángeles, uno por
uno, y con ansia esperan tu obrar en mi Querer, como nota divina y la más armoniosa que corre
sobre todo lo que han hecho en vida, para darles mayor esplendor y contento; te conocen todas
las almas purgantes, sintiendo sobre de ellas el continuo refrigerio que lleva el obrar en mi
Querer; te conocen los demonios por la fuerza de mi Voluntad que sienten en ti; y si la tierra no
te conoce aún, te conocerá dentro de poco. Para quien hace mi Voluntad, sucede y hago como
hice con mi Madre Celestial, que la constituí Reina de todo y ordené a todos que la reconocieran
y la honraran como a su Reina, y a Ella le encargué que aplastara con su pie la cabeza del
dragón infernal; así hago con quien vive en mi Voluntad, todo está bajo su dominio, y no hay
bien que de ellos no venga”.
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14-12
Marzo 13, 1922
El gran bien que lleva el oír las verdades.
(1) Encontrándome fuera de mí misma, me he encontrado en medio de un valle florido en el
cual he encontrado a mi confesor difunto, muerto el día 10 del corriente,25 y según su costumbre
de cuando vivía acá abajo me ha dicho:
(2) “Dime: ¿qué te ha dicho Jesús?”
(3) Y yo: “Me ha hablado en mi interior, con palabras no me ha dicho nada, y usted sabe que
las cosas que escucho en mi interior no las tomo en cuenta”.
(4) Y él: “Quiero oír también lo que te ha dicho en tu interior”.
(5) Y yo, como obligada, me ha dicho:
(6) “Hija mía, te llevo en mis brazos; mis brazos te servirán de barquita para hacerte navegar
en el mar interminable de mi Voluntad, tú, después, conforme hagas tus actos en mi Querer
formarás las velas, el mástil, el ancla, que servirán no sólo como adorno de la barquita, sino para
hacerla caminar con más velocidad. Es tanto el amor que tengo a quien vive en mi Querer, que
la llevo en mis brazos sin dejarla jamás”.
(7) Pero mientras esto decía he visto los brazos de Jesús en forma de barquita, y yo en medio
de ella. El Confesor al oír esto me ha dicho:
(8) “Debes saber que cuando Jesús te habla y te manifiesta sus verdades, son rayos de luz
que llueven sobre ti, después tú, cuando me las manifestabas a mí, no teniendo su virtud, me
las manifestabas a gotas, y mi alma quedaba toda llena de aquellas gotas de luz, y aquella luz
me incitaba más y me daba más deseos de escuchar otras verdades para poder recibir más luz,
25 El tercer confesor, Don Gennaro di Gennaro.