14-10
Marzo 7, 1922
Las palabras de Jesús están llenas de verdad y de luz, y llevan consigo
la sustancia y la virtud de transmutar al alma en la misma verdad,
en la misma luz, y en el mismo bien que contienen.
(1) Estaba pensando en lo que está escrito y decía entre mí: “¿Es realmente Jesús el que me
habla, o bien es un juego del enemigo y de mi fantasía?” Y Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, mis palabras están llenas de verdad y de luz, y llevan consigo la sustancia y la
virtud de trasmutar al alma en la misma verdad, en la misma luz y en el mismo bien que
contienen, de modo que el alma no sólo conoce la verdad, sino que siente en ella la sustancia
de obrar según la verdad que ha conocido, además, mis verdades están llenas de belleza y de
atractivos, de modo que el alma arrobada por su belleza se hace raptar por ellas. En Mí todo es
orden, armonía y belleza, mira, creé el cielo y podía bastar él solo, pero no, lo quise adornar de
estrellas, casi cubriéndolo de belleza para hacer que el ojo humano pudiera gozar más de las
obras de su Creador; creé la tierra y la adorné con tantas plantas y flores; ninguna cosa creé
que no tuviera su ornamento, y si esto es en el orden de las cosas creadas, mucho más en mis
verdades que tienen su sede en mi Divinidad, que mientras parece que llegan al alma, son como
rayos solares que mientras tocan y calientan la tierra, pero jamás se separan del centro del sol,
y el alma queda tan enamorada de mis verdades que le resulta casi imposible, aun a costa de
la propia vida, el no poner en práctica la verdad que ha conocido. En cambio cuando es el
enemigo o especulaciones de la fantasía quienes quieren hablar de verdad, no llevan ni luz ni
sustancia, ni belleza, ni aliciente, son verdades vacías, sin vida, y el alma no siente la gracia de
sacrificarse para practicarlas, pero las verdades que te dice tu Jesús están llenas de vida y de
todo lo que mis verdades contienen, ¿por qué dudas?”
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Quien hace la Divina Voluntad es reina de todo.
14-11
Marzo 10, 1923
(1) Estaba haciendo las horas de la Pasión, y según mi costumbre me volcaba en el Santo
Querer de Dios, ofreciéndolas para bien de todos, pero mi voluntad como si quisiera
apropiárselas, frecuentemente decía: “Jesús mío, en modo especial para ayuda, para alivio,
para liberación de aquella alma”. Y mi dulce Jesús reprendiéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo lo que se hace en mi Voluntad es como sol que se difunde a todos, y
conforme se reza en mi Voluntad, se ofrece mi sangre, mis penas, mis llagas, todo se convierte
en tantos rayos de luz que se difunden a todos, descienden con rapidez en la más profunda
cárcel del purgatorio y convierten sus penas y tinieblas en luz; entonces la cosa es siempre igual
para todos, y si hubiera diferencia, jamás será por parte de quien dona, sino por parte de quien
recibe, según las disposiciones de cada una. Sucede como con el sol, que da la luz a todos
igualmente, toca y calienta un punto de terreno como el otro, ¿pero quién saca provecho de
esto? Quien trabaja. ¿Qué terreno produce el fruto? Donde fue arrojada la semilla, el otro con
toda la luz del sol queda infecundo; por lo tanto la especialidad en mi Voluntad no existe, de por
sí misma corre, se difunde y se quiere dar a todos, quien quiere toma de Ella”.
(3) Yo he quedado afligida al oír esto, y Jesús ha agregado: