ayunas, tampoco Yo quiero estar en ayunas, quiero la correspondencia del alimento que te he
dado, y después volveré de nuevo a alimentarte. Siento mucha hambre, pronto, quítame el
hambre”.
(4) Yo he quedado confundida y no sabía qué darle, porque nunca he tenido nada, pero Jesús
con sus dos manos tomaba mi latido, mi respiro, mis pensamientos, los afectos, los deseos,
cambiados en tantos globitos de luz, y se los comía diciendo:
(5) “Esto es el fruto de mi palabra, es cosa mía, es justo que me los coma”.
(6) Entonces parecía que tomaba un poco de reposo, y después ha agregado”.
(7) “Hija mía, ahora conviene que me ponga de nuevo al trabajo, para trabajar el terreno de tu
alma, para poder sembrar la semilla de mi palabra para alimentarte. Yo hago como el campesino
cuando quiere sembrar su terreno, forma las zanjas, hace los surcos y después arroja la semilla
en ellos, luego regresa a cubrir de tierra las zanjas y los surcos donde ha arrojado la semilla,
para tenerla defendida y darle tiempo para hacerla germinar, para recogerla centuplicada para
hacer de ella su alimento, pero debe estar atento a no ponerle mucha tierra, de otra manera
sofocaría su semilla y la haría morir bajo tierra y él correría peligro de quedarse en ayunas. Así
hago Yo, preparo las zanjas, formo los surcos, ensancho la capacidad de su inteligencia para
poder sembrar mi palabra divina, y así poder formar el alimento para Mí y para ella, después
cubro las zanjas y los surcos de tierra, y esta tierra es la humildad, la nada, el aniquilamiento del
alma, alguna pequeña debilidad o miseria, esto es tierra y es necesario que la tome de ella,
porque a Mí me falta esta tierra y así cubro todo y espero con alegría mi cosecha. Ahora,
¿quieres saber qué pasa cuando sobre mi semilla se pone mucha tierra? Cuando el alma siente
sus miserias, sus debilidades, su nada, y se aflige, piensa tanto en esto que pierde el tiempo y
el enemigo se sirve de ello para arrojarla en la turbación, en la desconfianza y en el abatimiento;
todo esto es tierra de más sobre mi semilla. ¡Oh, cómo mi semilla se siente morir, cómo se le
dificulta germinar bajo esta tierra! Muchas veces estas almas cansan al Agricultor Celestial y él
se retira. ¡Oh! cuántas de estas almas hay”.
(8) Y yo: “Amor mío, ¿soy yo una de esas?”
(9) Y Él: “No, no, quien hace mi Voluntad no está sujeto a poder formar tierra para sofocar mi
semilla, es más, muchas veces no se encuentra ni siquiera la humildad, sino solo su nada que
produce poca tierra, y apenas una capa puedo poner sobre mi semilla, y el Sol de mi Voluntad
la fecunda y pronto germina, y Yo hago grandes cosechas y regreso pronto para arrojar mi
semilla, y puedes estar segura de esto, ¿no ves cómo vuelvo continuamente a sembrar nuevas
semillas de verdad en tu alma?”
(10) Ahora, mientras esto decía, sobre el rostro de Jesús se veía una tristeza, y tomándome
de la mano me ha transportado fuera de mí misma y me hacía ver diputados y ministros, todos
trastornados y como si ellos mismos hubieran preparado un gran fuego, en el cual quedaban
envueltos en las llamas; se veían los jefes sectarios, que cansados de esperar, de maldecir
contra la Iglesia, o querían ser dejados libres para iniciar luchas sangrientas contra Ella, o bien
se querían retirar de gobernar, veían faltarles el piso bajo sus pies, tanto por finanzas como por
otras cosas, y para no hacer el ridículo querían retirarse de regir la suerte de la nación, ¿pero
quién puede decirlo todo? Y Jesús, todo doliente ha dicho:
(11) “Terribles, terribles son los preparativos, quieren hacerlo todo sin Mí, pero todo servirá
para confundirlos”.
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