amar; ¿y qué sería del hombre si no tuviera un principio de amor y no pudiera amar? Sería un
bruto y no sería digno ni de ser mirado, por eso en todo debe correr el amor, el amor debería
correr en todas las acciones humanas como corre la imagen del rey en la moneda del reino; y si
en la moneda no está impresa la imagen del rey, no es reconocida por moneda; así, si no corre
el amor, no es reconocida por obra mía”.
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14-5
Febrero 21, 1922
El amor hace morir y vivir continuamente.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre adorable Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi amor por la criatura me hacía morir a cada instante. La naturaleza del
verdadero amor es morir y vivir continuamente por la persona amada; el amor de quererla
consigo le hace sentir la muerte, le procura un martirio, tal vez de los más dolorosos y
prolongados, pero el mismo amor, más fuerte que la misma muerte, en el mismo instante que
muere le da la vida, pero ¿para hacer qué cosa? Para dar vida a la persona amada y formar
con ella una sola vida, aquellas llamas tienen virtud de consumir una vida para fundirla en la
otra. Es propiamente esta la virtud de mi amor, hacerme morir, y de mi consumación formar
tantas semillas para ponerlas en los corazones de todas las criaturas, para hacerme resurgir de
nuevo y formar con ellas una sola vida Conmigo.
(3) Ahora, también tú puedes morir quién sabe cuántas veces por amor mío, y tal vez a cada
instante, cada vez que me quieres ver y no me ves, tu voluntad siente la muerte de mi privación,
pero en realidad, porque no viéndome, tu voluntad muere porque no encuentra la vida que
busca, pero después de que en ese acto se ha consumado, Yo renazco en ti y tú en Mí y
reencuentras así la vida querida por ti, pero para volver de nuevo a morir para vivir en Mí; así
también si me deseas, tu deseo no satisfecho siente la muerte, pero haciéndome ver encuentra
nuevamente su vida, y así tu amor, tu inteligencia, tu corazón, pueden estar en continuo acto de
morir y vivir por Mí. Si lo he hecho Yo por ti, es justo que tú lo hagas por Mí”.
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14-6
Febrero 24, 1922
Nuestra cruz sufrida en la Voluntad de
Dios se hace tan grande como la de Jesús.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre adorable Jesús se hacía ver en el
momento de tomar la cruz para ponerla sobre su santísimo hombro, y me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando recibí la cruz la miré de arriba a abajo para ver el lugar que tomaba en
mi cruz cada alma, y entre tantas, miré con más amor y puse atención especial a aquéllas que
habrían estado resignadas y habrían hecho vida en mi Voluntad, las miré y vi su cruz ancha y
larga como la mía, porque mi Voluntad suplía a lo que a su cruz le faltaba, y la alargaba y
ensanchaba como la mía. ¡Oh! cómo sobresalía tu cruz larga, larga por tantos años de cama,
sufrida sólo para cumplir mi Voluntad. La mía era sólo para cumplir la Voluntad de mi Padre
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