a las muchedumbres, y que sané a tal enfermo? Entonces todo es necesario, y debes estar
segura que en todo lo que escribes, es siempre a Mí a quien haces conocer”.
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14-4
Febrero 17, 1922
El amor es la cuna del hombre.
(1) Me sentía oprimida por la privación de mi dulce Jesús y no hacía otra cosa que llamarlo,
desearlo, pero en vano. Entonces, después de haber esperado mucho, cuando ya no podía
más, ha venido, y yo quién sabe cuántas cosas quería decirle, pero Él se elevó en alto sin darme
tiempo, yo lo miraba y lo llamaba: “Jesús, Jesús, ven”. También Él me miraba y hacía llover de
su persona un rocío sobre mí que me embellecía toda, y este rocío lo atraía hacia mí, de manera
que se ha abajado hacia mí y me ha dicho:
(2) “Hija mía, el deseo de quererme ver rompe el velo que existe entre el tiempo y la eternidad,
y el repetido deseo le da el vuelo para acercarse a Mí. Mi amor está casi inquieto cuando veo
que el alma me anhela y Yo no me hago ver, y solamente se calma cuando no sólo me hago
ver, sino que le doy nuevos carismas y nuevas prendas de amor. Mi amor está siempre en acto
de querer dar nuevas prendas de amor a la criatura, y en cuanto veo que mi Voluntad toma la
parte obrante, dirigente de darse a la criatura, mi amor hace fiesta, corre, vuela hacia ella, se
hace cuna del hombre, y si ve que no reposa en su cuna, lo mece, le canta para hacerlo reposar
y dormir en su seno, y mientras duerme él le da su aliento en la boca para darle nueva vida de
amor. Si ve, por su respiro entrecortado, que su corazón no es feliz, con el aliento que le da, mi
amor le forma la cuna en el corazón para quitarle las amarguras, los estorbos, las molestias y
hacerlo feliz de amor. Y cuando se despierta, oh, cómo se alegra mi amor al verla renacida,
feliz y llena de vida y le dice: “Mira, te he arrullado en mi seno para darte reposo, he vigilado a
tu lado en tu sueño para hacer que te despertaras fuerte, feliz y toda diferente de la que eras,
ahora quiero ser cuna a tus pasos, a tus obras, a tus palabras, a todo, piensa que estás mecido
por mí, y en la cuna de mi amor pon tu amor, a fin de que fundiéndonos nos hagamos felices
recíprocamente, pero ten cuidado de poner alguna otra cosa, porque entonces me entristecería
y me harías llorar amargamente”.
(3) Es mi amor lo que más se acerca al hombre, más bien es la cuna donde él ha nacido, si
bien en mi Divinidad todo es armonía, como están en plena armonía los miembros al cuerpo.
Así como en el hombre la inteligencia toma la parte dirigente, pues es donde reside la voluntad
del hombre, y si ella no quiere se puede decir que el ojo no ve, la mano no obra, el pie no camina;
en cambio si quiere, el ojo ve, la mano obra, el pie corre, todos los miembros se ponen de
acuerdo; así mi Divinidad, mi Voluntad toma la parte dirigente y todos los otros atributos se
ponen en plena armonía para seguir lo que mi Querer quiere, así que concurre la sabiduría, la
potencia, la ciencia, la bondad, etc., pero como todos mis atributos, si bien distintos ente ellos,
viven en la fuente del amor, desbordan de amor, he aquí el por qué mientras es el amor el que
corre, que obra, que se dona, todos mis otros atributos concurren junto.
(4) Además, lo que al hombre le es más necesario es el amor, el amor es como el pan a la
vida natural, así que puede prescindir de la ciencia, de la potencia, de la sabiduría, porque a lo
más son cosas que se necesitan en algún tiempo o circunstancia, ¿pero qué se diría si Yo
hubiera creado al hombre y no lo amara? Y además, ¿para qué crearlo si no debiera amarlo?
Esto me serviría para deshonor y sería una obra no digna de Mí, que no sé hacer otra cosa que