24
I. M. I.
Amor mío y vida mía, guía Tú mi mano y estate junto conmigo al escribir, así que no yo, sino
Tú harás todo, me dictarás las palabras a fin de que sean luz de verdad, no permitas que ponga
nada de mí, más bien haz que yo desaparezca a fin de que todo lo hagas Tú, y tuyo sea el honor
y la gloria. Yo hago esto sólo por obedecer, y Tú no me niegues tu gracia.
+ + + +
14-1
Febrero 4, 1922
El amor errante y rechazado da en sollozos de llanto.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hacía ver todo afligido,
su respiro era fuego, y estrechándome a Él me a dicho:
(2) “Hija mía, quiero un refrigerio a mis llamas, quiero desahogar mi amor, pero mi amor es
rechazado por las criaturas. Tú debes saber que Yo al crear al hombre, puse fuera de dentro
de mi Divinidad, una cantidad de amor que debía servir como vida primaria de las criaturas para
enriquecerse, para sostenerse, para fortalecerse, y para ayuda en todas sus necesidades; pero
el hombre rechaza este amor, y mi amor va errante desde que fue creado el hombre y gira
siempre sin detenerse jamás, y rechazado por uno corre a algún otro para darse, y como es
rechazado rompe en llanto, así que la incorrespondencia forma el llanto del amor. Ahora,
mientras mi amor va errante y corre para darse, si ve a uno débil, pobre, rompe en llanto y le
dice: “¡Ay! si no me hicieras andar errante y me hubieras dado alojo en tu corazón, habrías
estado fuerte y nada te faltaría”. Si ve a otro caído en la culpa, rompe en sollozos diciéndole:
“¡Ay! si me hubieras dado entrada en tu corazón no habrías caído”. Ante aquél otro que ve
arrastrado por las pasiones, ensuciado de tierra, el amor llora y sollozando le repite: “¡Ay! si
hubieras tomado mi amor, las pasiones no tendrían vida en ti, la tierra no te tocaría, mi amor te
bastaría para todo”. Así que en cada mal del hombre, pequeño o grande, él tiene un sollozo y
continúa yendo errante para darse al hombre, y cuando en el huerto de Getsemaní se
presentaron todos los pecados delante de mi Humanidad, cada culpa tenía un sollozo de mi
amor, y todas las penas de mi Pasión, cada golpe de flagelo, cada espina, cada llaga, eran
acompañados por el sollozo de mi amor, porque si el hombre me hubiera amado, ningún mal le
podía venir; la falta de amor ha germinado todos los males y también mis mismas penas.
(3) Yo, al crear al hombre hice como un rey, que queriendo hacer feliz su reino toma un millón
y lo pone a disposición de todos, para que quien quiera tome, pero a pesar de que está a
disposición de todos, sólo alguno toma algunos centavos. Ahora, el rey está ansioso de saber
si los pueblos toman el bien que les quiere dar, y pregunta si su millón se ha agotado para poner
otros millones, y le viene respondido: “Majestad, apenas algún centavo”. El rey siente dolor al
oír que su pueblo no recibe sus dones ni los aprecia. Entonces, saliendo en medio de sus
súbditos empieza a ver, a quién cubierto de harapos, a quién enfermo, a quién en ayunas, a
quién temblando de frío, a quién sin techo, y el rey en su dolor rompe en llantos y sollozos y
dice: “¡Ah!, si hubieran tomado de mi dinero no vería a ninguno que me haga deshonor cubiertos
con harapos, sino bien vestidos; no vería enfermos sino sanos; no vería a ninguno en ayunas y
casi muerto de hambre, sino satisfechos; si hubieran tomado mi dinero ninguno estaría sin techo,
24 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta