su casa cosas que signifiquen pobreza. Ahora, si la pobre llora por sus harapos y se aflige
porque no ha llevado nada suyo, ¿no ofendería la bondad, la magnanimidad de ese señor? Así
soy Yo, y si aquel señor recorre una ciudad, Yo recorro todo el mundo y tal vez todas las
generaciones, y cuando encuentro a la más pequeña, la más pobre, la tomo y la pongo en el
ámbito eterno de mi Querer y le digo: “Trabaja junto Conmigo en mi Voluntad, lo que es mío es
tuyo, si tienes alguna cosa propia déjala, porque en la santidad e inmensas riquezas de mi
Voluntad no son otra cosa que míseros harapos”. El querer tener méritos propios es de siervos,
de esclavos, no de los hijos, lo que es del padre es de los hijos, y además, ¿qué cosa son todos
los méritos que podrías adquirir en comparación con un acto solo de mi Voluntad? Todos los
méritos tienen su pequeño valor, peso y medida, ¿pero quién podría jamás medir un acto solo
de mi Voluntad? Ninguno, ninguno, y además, ¿qué son tus méritos en comparación de los
míos? En mi Querer los encontrarás todos, y de ellos Yo te hago dueña, ¿no estás contenta?
(3) Escucha hija mía, quiero que dejes todo a un lado, tu misión es grandísima, y más que el
decir es el hacer lo que espero de ti, quiero que toda tú estés en continuo acto en mi Querer,
quiero el paseo de tus pensamientos en mi Querer, para que paseando sobre todas las
inteligencias humanas extiendas el manto de mi Querer sobre todas las mentes creadas, y
elevándote hasta el trono del Eterno ofrezcas todos los pensamientos humanos sellados con el
honor y la gloria de mi Voluntad Divina, después extiende el manto de mi Querer sobre todas
las miradas humanas, sobre todas las palabras, como si hicieras pasear tus ojos y tus palabras
sobre todas las de ellas, y sellándolas con mi Querer te eleves de nuevo ante la Majestad
Suprema, y ofrezcas el homenaje como si todos hubiesen hecho uso de la vista y de las palabras
según mi Querer, y lo mismo si obras, si respiras, si tu corazón palpita, tu paseo será continuo;
tu camino es larguísimo, es toda la eternidad lo que debes recorrer; si supieras cuanto pierdes
cada vez que te detienes y que me privas a Mí no de un honor humano, sino de un honor divino.
Estos son los méritos que tú deberías temer perder, no tus harapos y tus miserias, por eso más
atención en hacer tus giros en mi Querer”.
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13-54
Enero 25, 1922
Cada verdad contiene en sí una bienaventuranza, felicidad, alegría y
belleza distinta. Qué significará conocer una verdad de más acerca
de la Divina Voluntad cuando el alma esté en el cielo.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, por cuantas verdades de más te manifiesto, tantas especialidades de
bienaventuranzas te hago en don; cada verdad contiene en sí una beatitud, felicidad, alegría y
belleza distinta, así que cada verdad de más que conoces pone en ti una bienaventuranza, una
felicidad, alegría, belleza, de las cuales tú quedas enriquecida; son semillas divinas que el alma
recibe, y que manifestándolas a los demás les comunica estas semillas y enriquece a quien las
recibe. Ahora, las verdades conocidas en la tierra, siendo semillas divinas que germinan
beatitud, alegría, etc., en el Cielo, cuando el alma esté en su patria serán hilos eléctricos de
comunicación, por medio de los cuales la Divinidad hará salir de su seno tantos actos de beatitud
por cuantas verdades el alma ha conocido, ¡oh! cómo quedará inundada por tantos diversos
mares inmensos. Ya la semilla la tienes, con tener la semilla tienes el vacío donde poder recibir
estos mares inmensos de felicidad, de alegría y de belleza; quien no tiene la semilla, quien no
ha conocido una verdad en la tierra, le falta el vacío para poder recibir estas bienaventuranzas.