desventura, que no hiciera aún en la más pequeña cosa tu Voluntad? Sin embargo tus
propuestas, tus mismas premuras a esto me inducen, porque veo que no porque sea tu
Voluntad, sino porque quieres hacerme feliz y vaciar mi corazón de la amargura de la cual está
como inundado, Tú quieres hacer mi voluntad, ¡ah! Jesús, Jesús, no lo permitas, y si quieres
hacerme feliz, a tu potencia no le faltan otros modos para quitarme de mi aflicción”.
(4) Y Jesús: “Hija mía, hija mía, hija de mi Voluntad, no, no temas, esto no será jamás, que
nuestros quereres queden ni siquiera lesionados, si es necesario un milagro lo haré, pero
nuestros quereres no se desunirán jamás, por eso tranquilízate a este respecto y consuélate.
Escucha, mi Ser es llevado por una fuerza irresistible a comunicarse a la criatura, tengo tantas
otras cosas qué decirte aún, tantas otras verdades que tú no conoces, y todas mis verdades
llevan la felicidad que cada una posee, y por cuantas verdades el alma conoce, tantas diversas
felicidades adquiere. Ahora, encontrando tu corazón amargado, esas verdades sienten
ensombrecida su felicidad y no pueden comunicarse libremente. Yo soy como un padre feliz
que posee la plenitud de toda la felicidad y que quiere hacer felices a todos sus hijos; ahora, si
ve un hijo suyo que verdaderamente lo ama, y lo ve triste, pensativo, a cualquier costo quiere
hacer feliz a su hijo y sacarlo de esa situación, y si el padre sabe que esa tristeza es por causa
del amor que da al padre, ¡oh! entonces no se da paz y usa todas las artes y hace cualquier
sacrificio para hacer feliz a su hijo. Así soy Yo, y como sé que tu aflicción es por causa mía, si
no te veo regresar de nuevo a tu estado de alegría, y sellada por mi felicidad, Yo seré infeliz
esperando que vuelvas a los brazos de mi felicidad”.
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13-50
Enero 11, 1922
Las almas que viven en el Divino Querer, serán
al cuerpo místico de la Iglesia como piel al cuerpo,
y llevarán a todos sus miembros la circulación de vida.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, estaba pensando en el Santo Querer Divino y decía
entre mí: “Todos los hijos de la Iglesia son miembros del cuerpo místico, del cual Jesús es la
cabeza; ¿cuál será el lugar que ocuparán las almas que hacen la Voluntad de Dios en este
cuerpo místico?” Y Jesús, siempre benigno, al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, la Iglesia es mi cuerpo místico, del cual Yo me glorío de ser la cabeza, pero para
poder entrar en este cuerpo místico los miembros deben crecer a debida estatura, de otra
manera deformarían mi cuerpo; pero ¡ay! cuántos no sólo no tienen la debida proporción, sino
que están putrefactos, llagados, tanto que dan asco a mi cabeza y a los otros miembros sanos.
Ahora, las almas que viven en mi Querer o vivirán, serán al cuerpo de mi Iglesia como la piel al
cuerpo; el cuerpo contiene piel interna y piel externa, y como en la piel está la circulación de la
sangre que da vida a todo el cuerpo, y es en virtud de esta circulación que los miembros llegan
a debida estatura, si no fuera por la piel y por la circulación de la sangre, el cuerpo humano sería
horrible a la vista y los miembros no crecerían a debida proporción. Ve entonces cuánto me son
necesarias estas almas que viven en mi Querer, habiéndolas destinado como piel al cuerpo de
mi Iglesia y como circulación de vida a todos los miembros, serán ellas las que darán el debido
crecimiento a los miembros no crecidos, las que sanarán los miembros llagados y las que con
su continuo vivir en mi Querer restituirán la frescura, la belleza, el esplendor a todo el cuerpo
místico, haciéndolo todo igual a la cabeza, que reinará con toda majestad sobre estos miembros.
He aquí por qué no podrá llegar el fin de los días si no tengo estas almas que vivan como
perdidas en mi Querer, ellas me interesan más que todo. ¿Qué ridículo haría este cuerpo místico