(5) Ahora, el mundo no ha cambiado, es más, está más que nunca en luchas y por eso quiero
a quien duerma en mi Querer, para poder repetir los efectos del sueño de mi Humanidad”.
(6) Luego con acento afligido ha repetido: “¿Y mis demás hijos dónde están? ¿Por qué no
vienen todos a Mí para recibir el reposo y la paz? Llámamelos, llámamelos juntos”.
(7) Y parecía que Jesús los llamaba por nombre, uno por uno, pero pocos eran los que venían.
+ + + +
13-45
Diciembre 25, 1921
Cómo la Humanidad de Jesús fue alimentada por su Querer.
Quien vive en la Divina Voluntad es la más inmediata a Jesús.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi dulce Jesús se hacía ver como niño, temblando
de frío y arrojándose a mis brazos me ha dicho:
(2) “¡Qué frío, qué frío! Caliéntame por piedad, no me dejes más helar”.
(3) Yo me lo he estrechado al corazón diciéndole: “En mi corazón poseo tu Querer, así que
el calor de Él es más que suficiente para calentarte”. Y Jesús todo contento:
(4) “Hija mía, mi Querer contiene todo, y quien lo posee todo puede darme. Mi Voluntad fue
todo para Mí, me concibió, me formó, me hizo crecer y me hizo nacer, y si mi amada Mamá
contribuyó dándome la sangre, lo pudo hacer porque contenía mi Voluntad absorbida en Ella, si
no hubiera tenido mi Querer, no habría podido contribuir a formar mi Humanidad, así que mi
Voluntad directamente y mi Voluntad absorbida en mi Mamá me dieron la vida. Lo humano no
tenía poder sobre de Mí para darme nada, sino sólo el Querer Divino con su aliento me alimentó
y me hizo nacer. ¿Pero crees tú que fue el frío del ambiente lo que me heló? ¡Ah, no! Fue el
frío de los corazones lo que me hizo temblar de frío, y la ingratitud de ellos la que al salir a la luz
me hizo llorar amargamente. Pero mi querida Mamá me calmó el llanto, si bien lloró también
Ella, y nuestras lágrimas se mezclaron, y dándonos los primeros besos nos desahogamos en
amor. Pero nuestra vida debía ser el dolor y el llanto, y me hice poner en el pesebre para volver
al llanto y llamar con mis sollozos y con mis lágrimas a mis hijos, quería enternecerlos con mis
lágrimas y con mis gemidos para hacerme escuchar, ¿pero sabes tú quién fue la primera
después de mi Mamá a quien llamé con mis lágrimas junto a Mi en el mismo pesebre para
desahogarme en amor? Fuiste tú, la pequeña hija de mi Querer, tú eras tan pequeña que
superaste a mi amada Mamá,23 pero en la pequeñez, tanto que te pude tener junto a Mí en el
mismo pesebre y pude derramar mis lágrimas en tu corazón, estas lágrimas sellaron en ti mi
Querer y te constituían hija legítima de mi Voluntad. Mi corazón se alegró, viendo regresar en
ti, íntegro en mi Voluntad, lo que en la Creación mi Querer había hecho salir, esto para Mí era
importante e indispensable; debía, al salir a la luz de este mundo, consolidar los derechos de la
23 A esta frase que puede causar confusión, se le podrían buscar mil explicaciones, pero creo que no llegaríamos a entenderla en
toda su magnitud. En primer lugar hay que ver la frese anterior, donde Nuestro Señor le aclara que es la primera “DESPUÉS” de
su Mamá. En segundo lugar, la frase que sigue, donde Él mismo da la explicación: “PERO EN LA PEQUEÑEZ.” Podríamos
hablar de pequeñez espiritual, pero también cabría la posibilidad de pequeñez física, y por eso sería que a su Mamá la tenía fuera
del pesebre y a Luisa la tenía dentro, en el mismo pesebre. Será el Espíritu Santo quien nos hará entender en plenitud esta frase.
Lo único que quisiera resaltar, es que no es adecuado quitar la frase sólo porque no la entendemos o parece contradictoria, o peor
aún, equivocada, no, es necesario ponerla para estar acordes con lo que ella escribió y con lo que Jesús le dijo, y no es con mi
criterio con lo que debo medir qué se pone y qué no. Por último, cabe mencionar que Annibale di Francia, que revisó este libro,
no quitó la frase, a pesar de que él era tan llevado a corregirlos. Así que en nombre de la fidelidad la pongo tal y como Luisa la
escribió.
813 sig