a un alma pacífica quedan, o conquistados, o confundidos y humillados, por esto, o se hacen
dominar haciéndose amigos, o se van confundidos no pudiendo sostener la dignidad, la
imperturbabilidad, la dulzura de un alma que posee la paz; aun los más perversos sienten la
potencia que esa alma contiene. Por eso me glorío tanto en hacerme llamar Dios de la paz,
Príncipe de paz, y no hay paz sin Mí, sólo Yo la poseo y la doy a mis hijos como a hijos legítimos,
los cuales quedan vinculados como herederos de todos mis bienes.
(3) El mundo, las criaturas, no tienen esta paz, y lo que no se tiene no se puede dar, a lo más
pueden dar una paz aparente, que por dentro los desgarra, una paz falsa, que contiene dentro
una bebida venenosa, y este veneno adormece los remordimientos de la conciencia y la conduce
al reino del vicio, por eso la verdadera paz soy Yo, y quiero mantenerte a la sombra de mi paz,
para hacer que jamás estés turbada, y la sombra de mi paz, como luz deslumbrante, pueda
mantener lejos de ti cualquier cosa, o a cualquiera que quisiera ensombrecer tu paz”.
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13-43
Diciembre 22, 1921
La finalidad de amar a Dios, abre al alma para
recibir la corriente de todas sus gracias. La Divina
Voluntad es la más grande de todas las virtudes.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se hacía ver dentro de una luz
deslumbrante, y esta luz deshaciéndose en lluvia de luz caía sobre las almas, pero muchas no
recibían esta corriente de luz porque estaban como cerradas, y la corriente corría hasta donde
encontraba almas abiertas para recibirla, y mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, la corriente de mi gracia entra en las almas que obran por puro amor, la sola
finalidad de amarme tiene abiertas a las almas para recibir la corriente de todas mis gracias.
Amor soy Yo, amor son ellas, así que ellas están en continuas corrientes hacia Mí y Yo hacia
ellas; en cambio quienes obran por fines humanos están cerradas para Mí, su corriente está
abierta a todo lo que es humano, y la corriente de lo que es humano reciben; quien obra con el
fin de pecar recibe la corriente de la culpa, y quien obra por fines diabólicos recibe la corriente
del infierno. La finalidad del obrar da las diversas tintas al hombre, que lo transforma, o en bello
o en horrible, o en luz o en tinieblas, o en santidad o en pecado; cual es la finalidad del obrar,
tal es el hombre, por eso mi corriente no a todos entra, y como es rechazada por las almas que
están cerradas a _Mí, entonces se descarga con más ímpetu y abundancia a las almas abiertas
a Mí”.
(3) Dicho esto ha desaparecido, pero después ha regresado y ha agregado:
(4) “¿Me sabrías decir por qué el sol ilumina toda la tierra? Porque es mucho más grande que
la tierra, y como es más grande tiene la capacidad de tomar en su luz toda la circunferencia de
la tierra.; si fuera más pequeño iluminaría una parte, pero no toda, así que las cosas más
pequeñas son envueltas y absorbidas por las cosas más grandes. Ahora, mi Voluntad es la más
grande de todas las virtudes, por eso todas las virtudes quedan empequeñecidas y perdidas en
mi Querer, es más, ante la virtud de la santidad de mi Querer, las otras virtudes tiemblan por
reverencia ante mi Querer, sin Él, las virtudes creen hacer algo grande, pero al contacto con la
santidad y potencia de la virtud de mi Voluntad, ven que no han hecho nada, y para darles el
sello de virtud estoy obligado a sumergirlas en el mar inmenso de mi Voluntad. Mi Voluntad no
sólo tiene el primado sobre todo, sino que da las diferentes tintas de belleza a las virtudes, pone
en ellas las tintas divinas, el esmalte celestial, su luz deslumbrante; entonces, si las virtudes no
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