(6) “Tu familia es la Trinidad. ¿No te acuerdas que en los primeros años de cama te llevé al
Cielo, y ante la Trinidad Sacrosanta nos unimos? Y Ella te dotó de tantos dones que tú misma
no los has conocido aún, y conforme te hablo de mi Querer, de sus efectos y de su valor, son
descubiertos los dones con que desde entonces fuiste dotada. De mi dote no te hablo, porque
lo que es mío es tuyo. Y además, después de pocos días descendimos del Cielo y las Tres
Divinas Personas tomamos posesión de tu corazón y formamos nuestra perpetua morada;
Nosotros tomamos el gobierno de tu inteligencia, de tu corazón, de toda tú, y cada cosa que tú
hacías era un desahogo de nuestra Voluntad Creadora en ti, eran confirmaciones de que tu
querer estaba animado de un Querer Eterno. El trabajo ya está hecho, sólo queda hacerlo
conocer para hacer que no sólo tú, sino también otros puedan tomar parte en estos tan grandes
bienes, y esto lo estoy haciendo llamando ahora a un ministro mío, y ahora a otro, y hasta
ministros de lugares lejanos para hacerles conocer estas grandes verdades. La cosa es mía,
no tuya, así que déjame hacer; es más, debes saber que cada vez que manifiestas un valor de
más de mi Querer, me siento tan contento que te amo con amor multiplicado”.
(7) Y yo enrojeciendo por mis dificultades he dicho: “Mi sumo y único Bien, mira cómo me he
hecho más mala, antes no tenía dudas en lo que Tú me decías, pero ahora no, cuántas dudas,
cuántas dificultades, yo misma no sé de dónde las saco”.
(8) Y Jesús: “No te aflijas ni siquiera por esto, soy Yo mismo quien muchas veces suscito
estas dificultades para responder no sólo a ti y confirmarte las verdades que te digo, sino para
responder a todos aquellos que leyendo estas verdades puedan encontrar dudas y dificultades,
y Yo les respondo desde antes, a fin de que puedan encontrar la luz y la respuesta a todas sus
dificultades. Críticas no faltarán, por eso todo es necesario”.
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13-40
Diciembre 10, 1921
La fecundidad de un acto en el Divino Querer.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido diciéndome:
(2) “Hija mía, cómo es grande un acto hecho en mi Querer. Mira, si tú preguntaras al sol,
¿cuántas semillas has fecundado? ¿Cuántas has multiplicado desde que surgiste sobre nuestro
horizonte? Ni el sol, ni ninguna criatura, por muy docta que fuera te podría responder, ni siquiera
con un número aproximado, ni cuantas semillas ha fecundado, ni cuantas ha multiplicado.
Ahora, un acto hecho en mi Querer es más que sol, que multiplica las semillas, no humanas sino
divinas, al infinito. ¡Oh! cómo sobrepasa a la fecundidad y la multiplicidad de las semillas que
ha fecundado el sol, sucede una innovación en el mundo espiritual, una armonía por la cual
todos son atraídos. Los más dispuestos al oír la armonía se enfervorizan, miles y miles de
efectos surgen como tantas semillas, y como el acto hecho en mi Querer lleva consigo la
potencia creadora, fecunda esas semillas en modo incalculable para la mente limitada, así que
los actos hechos en mi Querer son semillas divinas que llevan consigo la potencia creadora, que
más que sol fecundan, no sólo eso, sino que crean las semillas y las multiplican a lo infinito.
Estos actos me dan lugar para nuevas creaciones, ponen en movimiento mi potencia, son los
portadores de la Vida Divina”.
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