mensajeras, como preparativos de esta santidad toda Divina. Y así como en la Redención elegí
a mi inigualable Madre como eslabón de unión Conmigo, del cual debían descender todos los
frutos de la Redención, así te he elegido a ti como eslabón de unión, del cual debía tener principio
la santidad del vivir en mi Querer, y habiendo salido de mi Voluntad para traerme la gloria
completa del fin por el cual fue creado el hombre, debía retornar sobre el mismo camino de mi
Querer para volver a su Creador. ¿Cuál es entonces tu asombro? Estas son cosas establecidas
”ab eterno” y nadie me las podrá cambiar. Y como la cosa es grande, es establecer mi reino en
el alma aún en la tierra, he hecho como un rey cuando debe tomar posesión de un reino, él no
va primero, sino que antes se hace preparar la morada real, después envía a sus soldados a
preparar el reino y a disponer a los pueblos a que se sujeten, después siguen las guardias de
honor, los ministros y el último es el rey; esto es decoroso para un rey. Así lo he hecho Yo, me
he hecho preparar mi morada real, que es la Iglesia; los soldados han sido los santos, para
hacerme conocer por los pueblos; después han llegado los santos que han sembrado milagros,
como mis ministros más íntimos; ahora como rey vengo Yo para reinar, por lo que debía elegir
un alma donde hacer mi primera morada y fundar este reino de mi Voluntad. Por eso hazme
reinar y dame plena libertad”.
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13-39
Diciembre 5, 1921
Quien no recibe los bienes de Dios es un ingrato. Dudas y dificultades.
(1) Después de haber escrito lo que esta dicho arriba me sentía toda compenetrada y más
que nunca aniquilada, y habiéndome puesto a rezar, mi siempre amable Jesús ha venido y
estrechándome fuerte a su corazón me ha dicho:
(2) “Hija de mi Querer, ¿por qué no quieres reconocer los dones que tu Jesús quiere darte?
Esta es suma ingratitud. Supón un rey rodeado por sus fieles ministros, y que un pobre joven
descalzo, andrajoso, que llevado por amor de ver al rey va al palacio y haciéndose más pequeño
de lo que es, por detrás de los ministros mira al rey y luego se esconde temiendo ser descubierto,
pero el rey poniendo en él su atención, mientras el muchacho se está agazapado tras los
ministros, lo llama, lo conduce aparte; el pequeño tiembla, enrojece, teme ser castigado, pero el
rey se lo estrecha al corazón y le dice: “No temas, te he llamado aparte para decirte que quiero
elevarte por encima de todos, todos los dones que he dado a mis ministros quiero que tú los
superes, no quiero que salgas de mi palacio”. Si el muchacho es bueno aceptará con amor la
propuesta del rey, dirá a todos cuan bueno es el rey, lo dirá a los ministros, llamando a todos
para agradecer al rey, pero si es ingrato se negará a aceptar diciendo: “¿Qué quieres de mí?
Soy un pequeño pobre, andrajoso, descalzo, no son para mí esos dones”. Y guardará en su
corazón el secreto de su ingratitud; ¿no es ésta una horrenda ingratitud? ¿Y qué será de este
muchacho? Así eres tú, porque te ves indigna quieres desembarazarte de mis dones”.
(3) Y yo: “Amor mío, Tú tienes razón, pero lo que me causa más impresión es que siempre
quieres hablar de mí”.
(4) Y Él: “Es justo, es necesario que hable de ti. ¿Sería correcto que un esposo que quiere
casarse con su esposa deba tratar con los otros y no con ella? Mientras que es necesario que
se confíen sus secretos, que uno sepa lo que tiene el otro, que los papás den la dote a estos
esposos y que anticipadamente uno se habitúe a los modos del otro”.
(5) Y yo he agregado: “Dime vida mía, ¿quién es mi familia? ¿Cuál es mi dote y la tuya?” Y
sonriendo ha continuado: