esta es la maravilla, correr y estar fija, así soy Yo y así debo volver a quien vive en mi Querer,
¿pero quieres saber quién es esta barca? Es el alma que vive en mi Querer, ella conforme hace
sus actos en mi Querer hace sus carreras, da la ocasión a mi Voluntad de hacer salir de dentro
de su centro tantos otros actos vitales de gracia, de amor, de gloria, y Yo, su capitán, guío ese
acto, corro junto a fin de que sea un acto al cual nada le falte y que sea digno de mi Querer; en
estas cosas Yo me divierto mucho, veo a la pequeña hija de mi Querer que junto Conmigo corre
y está detenida, no tiene pies pero es el paso de todos, no tiene manos y es el movimiento de
todas las obras, no tiene ojos y en la luz de mi Querer es más que ojo y luz de todo. ¡Oh, cómo
imita bien a su Creador! ¡Cómo se hace semejante a Mí! Sólo en mi Querer puede haber
verdadera imitación, siento resonar en mi oído mi voz dulcísima y creadora: “Hagamos al
hombre a nuestra imagen y semejanza”. Y con gozo interminable exclamo: “He aquí a mis
imágenes, los derechos de la Creación me son dados nuevamente, la finalidad para la que he
creado al hombre está cumplida”. Cómo estoy contento, y llamo a todo el Cielo a hacer fiesta”.
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13-38
Diciembre 3, 1921
La Redención es salvación, la Divina Voluntad es Santidad.
(1) Me sentía aniquilada y con dudas sobre todo lo que mi Jesús dice de su Divino Querer, y
pensaba entre mí: “¿Será posible que haya dejado pasar tantos siglos sin hacer conocer estos
prodigios del Divino Querer, y que no haya elegido entre tantos santos uno donde dar principio
a esta Santidad toda divina? Estuvieron los apóstoles, tantos otros grandes santos que han
asombrado a todo el mundo”. Ahora, mientras esto pensaba, no dándome tiempo e
interrumpiendo mi pensamiento, ha venido y me ha dicho:
(2) “La pequeña hija de mi Querer no quiere persuadirse, ¿por qué dudas aún?”
(3) “Porque me veo mala, y por cuanto más dices tanto más me siento aniquilar”.
(4) Y Jesús: “Y esto quiero Yo, tu aniquilamiento, y por cuanto más te hablo de mi Querer,
siendo mi palabra creadora, crea mi Querer en el tuyo, y el tuyo ante la potencia del mío queda
aniquilado y perdido, he aquí el por qué de tu aniquilamiento. Debes saber que tu querer debe
deshacerse en el mío, como viene deshecha la nieve bajo los rayos de un sol ardiente. Ahora,
debes saber que por cuanto más grande es la obra que quiero hacer, tantos más preparativos
se necesitan. ¿Cuántas profecías, cuántos preparativos, cuántos siglos no precedieron mi
Redención? ¿Cuántos símbolos y figuras no previnieron la Concepción de mi Celestial Mamá?
Ahora, después de cumplida la Redención debía reafirmar al hombre en los bienes de la
Redención, y para esto escogí a los apóstoles como confirmadores de los frutos de la
Redención, donde con los Sacramentos debían buscar al hombre perdido y ponerlo a salvo, así
que la Redención es salvación, es salvar al hombre de cualquier precipicio, por eso en una
ocasión te dije que el hacer vivir al alma en mi Querer es cosa más grande que la misma
Redención, porque salvarse, con hacer una vida mediana, ahora caer y ahora levantarse, no es
tan difícil y esto lo consiguió mi Redención, porque quería salvar al hombre a cualquier costo y
esto lo confié a mis apóstoles como depositarios de los frutos de la Redención. Así que debiendo
hacer lo menos en ese entonces, dejé para ahora lo más, reservándome otras épocas para el
cumplimiento de mis altos designios.
(5) Ahora, el vivir en mi Querer no es sólo salvación, sino es santidad que debe elevarse sobre
todas las demás santidades, que debe llevar el sello de la santidad de su Creador, por eso
debían primero venir las santidades menores como cortejo, como precursoras, como
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