su punto de honor en cada uno de ellos, Yo sabía que muchas gracias se necesitaban, debiendo
hacer el más grande milagro que existe en el mundo, como es el vivir continuado en mi Querer,
en que el alma debe absorber a todo un Dios en su acto para darlo de nuevo íntegro como lo ha
absorbido, y luego absorberlo de nuevo, por eso sobrepasa al mismo milagro de la Eucaristía,
donde los accidentes no tienen razón, ni voluntad, ni deseos que puedan oponerse a mi Vida
Sacramental, así que nada pone la hostia, todo el obrar es mío, si lo quiero lo hago, en cambio
para realizar el milagro de vivir en mi Querer, debo plegar una razón, una voluntad humana, un
deseo, un amor puramente libre, ¿y cuánto no se necesita? Por eso abundan almas que
comulgan y participan en el milagro de la Eucaristía, porque para esto se sacrifican menos, pero
debiéndose sacrificar más en el hacer que se realice el milagro de que mi Voluntad tenga vida
en ellas, poquísimas son las que se disponen”.
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13-37
Noviembre 28, 1921
El mar de la Divina Voluntad y la barquita de luz.
(1) Continuando mi habitual estado, me he encontrado en un mar inmenso de luz, no se veía
ni donde terminaba ni donde comenzaba, había una barquita, pero formada también ella de luz,
de luz era el fondo de la barca, de luz las velas, en suma toda era luz, sin embargo las diversas
partes que se necesitaban para formar la barca se distinguían entre ellas por la diversidad de la
luz, una más resplandeciente que la otra; esta barquita navegaba este mar de luz con una
velocidad increíble. Yo he quedado encantada, y mucho más al ver que la barquita ahora se
perdía en el mar y no aparecía más, ahora salía y mientras estaba lejana, sumergiéndose en el
mar se encontraba en el mismo punto donde había salido antes. Por esto mi siempre amable
Jesús se divertía mucho al ver a esta barquita, y llamándome me ha dicho:
(2) “Hija mía, el mar que tú ves es mi Voluntad, Ella es luz y nadie puede navegar este mar
sino quien quiere vivir de luz. La barca que ves con tanta gracia navegar este mar es el alma
que vive en mi Querer; con su continuo vivir en mi Querer ha respirado el aire de mi Voluntad y
mi Voluntad la ha vaciado de la madera, de las velas, del ancla, del mástil y la ha convertido
toda en luz, así que el alma, conforme va haciendo sus actos en mi Querer, se vacía de sí y se
llena de luz. El capitán de esta barca soy Yo, Yo la guío de acuerdo a su velocidad, Yo la
sumerjo para darle reposo y tener tiempo para confiarle los secretos de mi Querer, ninguno
podría ser hábil en guiarla, porque no conociendo el mar no pueden conocer el modo como
guiarla, ni Yo me fiaría de ninguno, a lo más escojo una guía como espectador y oyente de los
grandes prodigios que hace mi Querer. ¿Quién puede ser hábil para guiar la carrera en mi
Querer? En cambio Yo, en un solo instante la hago hacer la carrera que otro guía la haría hacer
en un siglo”.
(3) Luego agregó: “Mira como es bella, corre, se sumerge y se encuentra al principio, es el
ámbito de la eternidad que la envuelve, siempre detenida en un punto solo; es mi Voluntad
inmutable la que la hace correr en su ámbito que no tiene principio ni fin, que mientras corre se
encuentra en aquel punto fijo de mi inmutabilidad. Mira el sol, está fijo, no se mueve, pero su
luz en un instante recorre toda la tierra, así esta barca, ella es inmutable Conmigo, no se mueve
de aquel punto de donde mi Querer la sacó, de un punto eterno salió y ahí está fija, y si se le ve
correr, son sus actos los que corren, que como luz solar corren por todas partes y dondequiera,
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