de que la sostuvieras junto Conmigo. Entonces, con estos dos apoyos Yo me sentí dar
nuevamente la vida, y como si nada hubiera sufrido, con paso firme fui al encuentro de mis
enemigos, y en todas las penas que sufrí en mi Pasión, muchas de ellas capaces de darme la
muerte, estos dos apoyos no me dejaban jamás, y cuando me veían a punto de morir, con mi
Voluntad que contenían me sostenían y me daban como tantos sorbos de vida. ¡Oh! los
prodigios de mi Querer, ¿quién puede jamás numerarlos y calcular su valor? Por eso amo tanto
a quien vive de mi Querer, reconozco en ella mi retrato, mis nobles rasgos, siento en ella mi
mismo aliento, mi voz, y si no la amase me defraudaría a Mí mismo, sería como un padre sin
generación, sin el noble cortejo de su corte y sin la corona de sus hijos, y si no tuviera la
generación, la corte, la corona, ¿cómo podría llamarme Rey? Así que mi reino es formado por
aquellos que viven en mi Voluntad, y de este reino escojo la Madre, la Reina, los hijos, los
ministros, el ejército, el pueblo, Yo soy todo para ellos y ellos son todo para Mí”.
(3) Después estaba pensando en lo que Jesús me decía, y decía entre mí: “¿Cómo se hace
para poner en práctica esto?” Y Jesús regresando ha agregado:
(4) “Hija mía, las verdades para conocerlas, es necesario que haya voluntad y el deseo de
conocerlas. Supón una estancia con las persianas cerradas, por cuanto sol haya afuera la
estancia está siempre en oscuridad; ahora, abrir las persianas significa querer la luz, pero esto
no basta si no se aprovecha la luz para reordenar la estancia, sacudirla, ponerse a trabajar,
porque si no, es como matar esa luz y hacerse ingrato por la luz recibida. Así no basta tener
voluntad de conocer las verdades, si a la luz de la verdad que lo ilumina no busca sacudirse de
sus debilidades y reordenarse según la luz de la verdad que conoce, y junto con la luz de la
verdad ponerse a trabajar haciendo de ella sustancia propia,“” en modo de trasparentar por su
boca, por sus manos, por su comportamiento, la luz de la verdad que ha absorbido, entonces
sería como si asesinara la verdad, y con no ponerla en práctica sería estarse en pleno desorden
delante de esa luz. Pobre estancia, llena de luz pero toda desordenada, trastornada y en pleno
desorden, y una persona dentro que no se preocupa de reordenarla, ¿qué compasión no daría?
Tal es quien conoce las verdades y no las pone en práctica.
(5) Has de saber que en todas las verdades, como primer alimento entra la simplicidad, si las
verdades no fueran simples, no serían luz y no podrían penetrar en las mentes humanas para
iluminarlas, y donde no hay luz no se pueden distinguir los objetos; la simplicidad no sólo es luz,
sino es como el aire que se respira, que aunque no se ve da la respiración a todo, y si no fuese
por el aire, la tierra y todos quedarían sin movimiento, así que si las virtudes, las verdades, no
llevan la marca de la simplicidad, serán sin luz y sin aire”.
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Noviembre 22, 1921
Los actos hechos en la Divina Voluntad son luz. La pena
que más traspasó a Jesús en su Pasión fue el fingimiento.
(1) Continuando mi habitual estado y pasando casi toda la noche en vela, mi pensamiento
frecuentemente volaba a mi prisionero Jesús, y Él haciéndose ver entre densas tinieblas, tanto,
que oía su respiro afanoso, sentía la proximidad de su persona, pero no lo veía; entonces he
buscado fundirme en su Santísima Voluntad haciendo mis acostumbradas compasiones y
reparaciones, y un rayo de luz más luminoso que el sol ha salido de dentro de mi interior e
iluminaba el rostro de Jesús. Con esta luz su santísimo rostro se ha iluminado, y haciéndose de
día se han disipado las tinieblas y yo he podido abrazarme a sus rodillas, y Él me ha dicho:
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