cadenas. Pero debes saber que en estas cadenas había un gran misterio y una gran expiación:
El hombre, al empezar a caer en el pecado queda atado con las mismas cadenas de su pecado,
si es grave son cadenas de fierro, si venial son cuerdas; entonces, si quiere caminar en el bien,
siente las trabas de las cadenas y queda obstaculizado en su paso, el estorbo que siente lo
agota, lo debilita, y lo lleva a nuevas caídas; si obra siente el impedimento en las manos y casi
queda como si no tuviera manos para hacer el bien; las pasiones, viéndolo tan atado hacen
fiesta y dicen: “Es nuestra la victoria”. Y de rey que es el hombre, lo vuelven esclavo de pasiones
brutales. Cómo es abominable el hombre en el estado de culpa, y Yo para romper sus cadenas
quise ser atado, y no quise estar en ningún momento sin cadenas, para tener siempre listas las
mías para romper las suyas, y cuando los golpes, los empujones me hacían caer, Yo le extendía
las manos para desatarlo y hacerlo libre de nuevo”.
(3) Pero mientras esto decía, yo veía a casi todas las gentes atadas por cadenas, que daban
piedad, y rogaba a Jesús que tocara con sus cadenas las cadenas de ellas, a fin de que por el
toque de las suyas quedaran rotas las de las criaturas.
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13-34
Noviembre 19, 1921
Los dos apoyos. Para conocer las verdades es necesario que esté
la voluntad y el deseo de conocerlas. Las verdades deben ser simples.
(1) Estaba haciendo compañía a mi Jesús agonizante en el Huerto de Getsemaní, y por cuanto
me era posible lo compadecía, lo estrechaba fuerte a mi corazón tratando de secarle el sudor
mortal, y mi doliente Jesús, con voz apagada y agonizante me ha dicho:
(2) “Hija mía, dura y penosa fue mi agonía en el Huerto, quizá más penosa que la de la cruz,
porque si ésta fue el cumplimiento y el triunfo sobre todos, aquí en el Huerto fue el principio, y
los males se sienten más al principio que cuando están por terminar, en esta agonía la pena
más desgarradora fue cuando se me hicieron presentes uno por uno todos los pecados, mi
Humanidad comprendió toda la enormidad de ellos y cada delito llevaba el sello de “muerte a un
Dios”, y estaba armado con espada para matarme. Delante a la Divinidad la culpa me aparecía
tan horrenda y más horrible que la misma muerte; sólo al comprender qué significa pecado, Yo
me sentía morir y moría en realidad, grité al Padre y fue inexorable, no hubo uno solo que al
menos me diera una ayuda para no hacerme morir, grité a todas las criaturas que tuvieran piedad
de Mí, pero en vano, así que mi Humanidad languidecía y estaba por recibir el último golpe de
la muerte, pero ¿sabes tú quién impidió la ejecución y sostuvo mi Humanidad para no morir?
Primero fue mi inseparable Mamá, Ella al oírme pedir ayuda voló a mi lado y me sostuvo, y Yo
apoyé mi brazo derecho en Ella, la miré casi agonizante y encontré en Ella la inmensidad de mi
Voluntad íntegra, sin haber habido nunca ruptura alguna entre mi Voluntad y la suya. Mi
Voluntad es Vida, y como la Voluntad del Padre era inamovible, y la muerte me venía de las
criaturas, otra criatura que encerraba la Vida de mi Voluntad me daba la vida. Y he aquí que mi
Mamá, que en el portento de mi Voluntad me concibió y me hizo nacer en el tiempo, y ahora me
da por segunda vez la vida para hacerme cumplir la obra de la Redención. Después miré a la
izquierda y encontré a la pequeña hija de mi Querer, te encontré a ti como primera, con el séquito
de las otras hijas de mi Voluntad, y así como a mi Mamá la quise Conmigo como primer eslabón
de la misericordia, con el cual debíamos abrir las puertas a todas las criaturas, por eso quise
apoyar en Ella la derecha; a ti te quise como primer eslabón de la justicia, para impedir que se
descargase sobre todas las criaturas como se merecen, por eso quise apoyar la izquierda, a fin