vive en lo alto como aislado, pero con su luz todo encierra en sí. Así estas almas, viven en lo
alto como el sol, pero su luz desciende hasta lo más bajo, se extiende a todos. Yo me sentiría
como si las defraudara si no las hiciera partícipes, y no las hiciera hacer lo que hago Yo, así que
no hay bien que de ellas no descienda. En esta santidad Yo veo mis sombras, mis imágenes
sobrevolar sobre toda la tierra, en el aire, en el Cielo, y por esto amo y amaré al mundo, porque
espero que mi santidad tenga su eco sobre la tierra, que mis rayos salgan fuera, a la luz, y me
den gloria completa, restituyéndome el amor, el honor que los demás no me han dado. Pero al
igual que el sol serán las más inobservadas, sin ningún estrépito, pero si las querrán mirar, será
tanto mi celo, que correrán peligro de quedar cegadas y estarán obligados a bajar la mirada para
recuperar la vista. ¿Ves cómo es bella la santidad en mi Querer? Es la santidad que más se
acerca a tu Creador, por eso tendrá el primado sobre todas las demás santidades, encerrará en
sí todas las otras santidades juntas, y será vida de todas las otras santidades.
(4) ¡Qué gracia para ti el conocerla! ¡Ser la primera, como rayo solar, en salir del centro de
mi Santidad sin separarse jamás! Gracia más grande no podría hacerte, milagro más portentoso
no podría obrar en ti; sé atenta hija mía, rayo mío, porque cada vez que entras en mi Querer y
obras, sucede como el sol cuando toca los cristales, tantos soles en ellos se forman, así tantas
veces repites mi Vida, la multiplicas, das nueva vida a mi amor”.
(5) Después de esto estaba pensando entre mí: “En esta Santa Voluntad no se ven milagros,
cosas portentosas de las que las criaturas son tan ávidas e irían por medio mundo con tal de
tener alguno, sino que todo pasa entre el alma y Dios, y si las criaturas reciben el bien, no saben
de donde ha venido el bien. Verdaderamente son como el sol, que mientras da vida y calor a
todo, nadie lo señala”. Ahora, mientras esto pensaba, mi Jesús regresando ha agregado, pero
con aspecto imponente:
(6) “¡Qué milagros, qué milagros! ¿No es tal vez el más grande milagro el hacer mi Voluntad?
Mi Voluntad es eterna y es milagro eterno que jamás termina, es milagro de cada instante el que
la voluntad humana tenga conexión continua con la Voluntad Divina. El resucitar muertos, dar
vista a los ciegos y todo eso, no son cosas eternas, están sujetas a perecer, por eso se pueden
llamar sombras de milagros, milagros fugaces comparados al milagro grande y permanente de
vivir en mi Voluntad. Tú no pongas atención a estos milagros, Yo sé cuándo convienen y cuándo
se necesitan”.
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13-33
Noviembre 16, 1921
El pecado es cadena que ata al hombre, y Jesús
quiso ser atado para romper sus cadenas.
(1) Esta mañana, mi siempre amable Jesús se hacía ver todo atado, atadas las manos, los
pies, la cintura; del cuello le descendía una doble cadena de fierro, pero estaba atado tan
fuertemente, que le quitaba el movimiento a su Divina Persona. Qué dura posición era ésta, de
hacer llorar aun a las piedras, y mi sumo bien Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, en el curso de mi Pasión todas las otras penas hacían competencia entre ellas,
pero una cedía el lugar a la otra, y se mantenían vigilantes para hacerme sufrir lo peor, para
darse la vanagloria de que una había sido más dura que las demás, pero las cuerdas no me las
quitaron jamás, desde que me apresaron hasta el monte calvario estuve siempre atado, es más,
agregaban siempre más cuerdas y cadenas por temor de que pudiese huir, y para hacer más
burla y juego de Mí; cuántos dolores, confusiones, humillaciones y caídas me causaron estas