(6) Mientras esto y otras cosas hacía, mi dulce Jesús ha venido todo jubiloso, acompañado
de innumerables bienaventurados, y Él me ha dicho:
(7) “Toda la Creación me dice gloria mía, gloria mía”.
(8) Y todos los santos han respondido: “He aquí, oh, Señor, que por todo te damos gloria
divina”. Se oía un eco por todas partes que decía: “De todo te damos amor y gloria divina”. Y
Jesús ha agregado:
(9) “Bendita tú eres, y todas las generaciones te llamarán bienaventurada. Mi brazo hará
obras de potencia en ti; serás el reflejo divino, que llenando toda la tierra me harás rescatar de
todas las generaciones la gloria que ellas me niegan”.
(10) Yo he quedado confundida y aniquilada al oír esto, y no quería escribir; y Él
acariciándome me ha dicho:
(11) “No, no, lo harás, lo quiero Yo; lo que he dicho servirá para honor de mi Voluntad, he
querido Yo mismo rendir el homenaje justo que conviene a la santidad en mi Querer; más bien
no he dicho nada en comparación de lo que podría decir”.
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13-32
Noviembre 12, 1921
La santidad en el Divino Querer no tiene confines, es
la santidad que más se acerca al Creador; tendrá el
primado sobre todas las demás santidades y será su vida.
(1) Escribo sólo por obedecer, de otra manera no habría sido buena para poner una sola
palabra, sólo el temor de poder entristecer a mi dulce Jesús si no lo hiciera, me da aliento y
fuerza. Ahora continúa hablando de su Santísimo Querer, y al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, la santidad en mi Querer no es conocida aún, es por esto por lo que se
maravillan, porque cuando una cosa es conocida los asombros cesan. Todas las santidades
simbolizan alguna cosa de las que están esparcidas en la creación: Están las santidades que
simbolizan los montes, otras los árboles, otras las plantas, la pequeña flor, las estrellas, y tantas
otras similitudes. Todas estas santidades tienen su bien limitado e individual, tienen su principio
y su fin, no pueden abrazar todo y hacer bien a todos, como no lo puede hacer un árbol y una
flor. Ahora, la santidad en mi Querer simbolizará al sol; el sol ha estado y estará siempre, y si
bien tuvo un principio en iluminar al mundo, siendo él luz que tuvo origen de mi luz eterna, se
puede decir que no tiene principio. El sol hace bien a todos, se extiende a todos con su luz, no
hace particularidad con ninguno; con su majestad y con su dominio impera sobre todo y da vida
a todo, aún a la más pequeña flor, pero silencioso, sin hacer ruido y casi inobservado. ¡Oh! si
una planta hiciera una pequeña cosa, una sombra de lo que hace el sol, como dar calor a otra
planta, gritarían todos diciendo que es un milagro, todos lo quisieran ver, hablarían de ella con
asombro. En cambio del sol que da vida y calor a todo y que es milagro continuado, ninguno
habla de él, ningún asombro, y esto sucede porque el hombre tiene siempre los ojos en lo bajo
y a las cosas terrenas, jamás en lo alto y a las cosas celestiales.
(3) Ahora, la santidad en mi Querer, simbolizando al sol, saldrá del centro de mi santidad, será
un rayo parido por mi santidad que no tiene principio, así que estas almas existían en mi
santidad, existen y existirán; estaban junto Conmigo en el bien que hacía, jamás salían del rayo
en el cual las había hecho salir a la luz, no alejándose jamás de mi Querer Yo me entretenía con
ellas y me entretengo todavía ahora. Mi unión con ellas es permanente; las veo sobrevolar sobre
todo; los apoyos humanos para ellas no existen, igual que el sol no se apoya en ningún punto,