existencia nuevos partos de Mí mismo; quería hacer de ella un prodigio portentoso, digno de Mí
y todo semejante a Mí; pero, ¡ay de Mí, la primera en ponerse contra Mí debía ser la voluntad
humana! Mira un poco, todas las cosas se hacen entre dos: Tú tienes un ojo, pero si no tuvieras
una luz externa que te iluminara nada podrías ver; tú tienes manos, pero si no tuvieras las cosas
necesarias para formar los trabajos nada harías, y así de todo lo demás. Ahora, así quiero la
santidad en la criatura, entre ella y Yo, entre dos, Yo por una parte y ella por la otra, Yo a dar mi
Vida y como fiel compañero a comunicarle mi santidad, y ella como fiel e inseparable compañera
a recibirla. Así, ella sería el ojo que ve, y Yo el sol que le doy la luz; ella la boca, y Yo la palabra;
ella las manos, y Yo que le suministro el trabajo para obrar; ella el pie, y Yo el paso; ella el
corazón, y Yo el latido. ¿Pero sabes tú quién forma esta santidad? Mi Voluntad, es la única que
mantiene en orden la finalidad de la Creación, la santidad en mi Querer es la que mantiene el
perfecto equilibrio entre criaturas y Creador, porque son las verdaderas imágenes salidas de
Mí”.
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13-31
Noviembre 8, 1921
Vivir en el Divino Querer significa multiplicar
la Vida de Jesús con todo el bien que contiene.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús se ha hecho ver tomando
una luz que estaba en mi interior y se la llevaba. Yo he gritado: “Jesús, ¿qué haces, me quieres
dejar a oscuras?” Y Él con toda dulzura me ha dicho:
(2) “Hija mía, no temas, me llevo tu pequeña luz y te dejo la mía. Esta pequeña luz no es otra
cosa que tu voluntad, que habiéndose puesto de frente a la mía ha recibido el reflejo de mi
Voluntad, por eso se ha hecho luz. Yo me la llevo para hacerla girar, la llevaré al Cielo como la
cosa más rara y más bella, cual es la voluntad humana que ha recibido el reflejo de la Voluntad
de su Creador; la haré girar entre las Divinas Personas, a fin de que reciban los homenajes, las
adoraciones de sus reflejos, sólo dignos de Ellas, y después la mostraré a todos los santos, a
fin de que también ellos reciban la gloria de los reflejos de la Voluntad Divina en la voluntad
humana, y después la haré correr por toda la tierra, a fin de que todos tomen parte en tan gran
bien”.
(3) Yo en seguida he añadido: “Amor mío, perdóname, creía que me querías dejar a oscuras,
por eso he dicho ¿qué haces? Pero tratándose de mi voluntad llévatela y haz lo que quieras”.
Ahora, mientras Jesús se llevaba esta pequeña luz en sus manos, no sé decir lo que sucedía,
me faltan las palabras para expresarme, sólo recuerdo que la pequeña luz la ponía de frente a
su persona, y la pequeña luz recibía todos sus reflejos, de modo que formaba otro Jesús, y cada
vez que mi voluntad repetía los actos, tantos Jesús se multiplicaban. Y mi Jesús me ha dicho:
(4) “¿Ves qué significa vivir en mi Querer? Es multiplicar mi Vida por cuantas veces se quiere,
es repetir todo el bien que mi Vida contiene”.
(5) Después de esto estaba diciendo a mi Jesús: “Vida mía, entro en tu Querer para poderme
extender en todos y a todo, desde el primero al último pensamiento, de la primera a la última
palabra, de la primera a la última acción y paso que se han hecho, se hacen y se harán; quiero
sellar todo con tu Querer a fin de que recibas de todo la gloria de tu santidad, de tu amor, de tu
potencia, y todo lo que es humano quede cubierto, escondido, marcado por tu Querer, a fin de
que nada, nada quede de humano en lo cual Tú no recibas gloria divina”.
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