(5) “Hija mía, todos son avaros Conmigo, aun los buenos, cuánta avaricia tienen Conmigo,
cuántas restricciones, cuántas cosas no manifiestan de lo que les digo y comprenden de Mí, y
tú, ¿cuántas veces no eres avara Conmigo? Cuantas veces no escribes lo que te digo o no lo
manifiestas, es un acto de avaricia que haces Conmigo, porque cada conocimiento de más que
se tiene de Mí, es una gloria y un amor de más que recibo de las criaturas. Por tanto sé atenta,
y sé más liberal Conmigo, y Yo seré más liberal contigo”.
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13-30
Noviembre 4, 1921
La santidad en la criatura debe ser entre ella y Jesús, Él,
dando su Vida y como fiel compañero comunicándole
su Santidad, y ella como fiel e inseparable
compañera recibiéndola.
(1) Me sentía toda fundida con mi dulce Jesús, y al venir me he arrojado en sus brazos,
abandonándome toda en Él como a mi centro; sentía una fuerza irresistible de estarme en sus
brazos y mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, es la criatura que busca el seno de su Creador y reposarse en sus brazos. Es
tu deber venir a los brazos de tu Creador y reposarte en aquel seno de donde saliste, porque tú
debes saber que entre la criatura y el Creador corren muchos hilos eléctricos de comunicación
y de unión, que la vuelven casi inseparable de Mí, siempre que no se haya sustraído de mi
Querer, porque sustraerse no es otra cosa que romper los hilos de comunicación, despedazar
la unión; la Vida del Creador, más que electricidad corre en la criatura y ella corre en Mí, mi Vida
está esparcida en la criatura; al crearla encadené mi sabiduría a su inteligencia, a fin de que no
fuese otra cosa que el reflejo de la mía, y si el hombre llega a tanto con su ciencia, que de en lo
increíble, es el reflejo de la mía que se refleja en la suya; si su ojo es animado por una luz, no
es otra cosa que el reflejo de mi luz eterna que se refleja en su ojo.
(3) Entre las Divinas Personas no tenemos necesidad de hablarnos para entendernos, en la
Creación quise usar la palabra y dije Fiat, y las cosas fueron hechas; a este Fiat ataba y daba el
poder para que las criaturas tuvieran la palabra para entenderse, así que también las voces
humanas están unidas como hilos eléctricos a mi primera palabra, de la que todas las demás
descienden; y mientras creé al hombre lo animé con mi aliento, infundiéndole la vida, pero en
esta vida que le infundí puse toda mi Vida según la capacidad humana podía contener, pero
todo puse, no hubo cosa mía de la que no lo hiciera partícipe. Mira, también su aliento es el
reflejo de mi aliento, con el cual doy vida continua, y el suyo se refleja en el mío y lo siento
continuamente en Mí. Ve entonces cuántas relaciones hay entre la criatura y Yo, por eso la amo
mucho, porque la veo como parto mío, exclusivamente mío. Y después, ¿cómo ennoblecí la
voluntad del hombre? La encadené con la mía, dándole todas mis prerrogativas, la hice libre
como la mía, y si al cuerpo le había dado dos pequeñas luces, limitadas, circunscritas, que
partían de mi luz eterna, a la voluntad humana la hice toda ojo, así que cuantos actos hace la
voluntad humana, tantos ojos puede decir que posee, ella mira a la derecha y a la izquierda,
hacia adelante y hacia atrás, y si la vida humana no está animada por esta Voluntad, no hará
nada de bien; Yo al crearla le dije: “Tú serás mi hermana en la tierra, mi Querer desde el Cielo
animará el tuyo, estaremos en continuos reflejos, y lo que haré Yo lo harás tú, Yo por naturaleza
y tú por gracia de mis continuos reflejos; te seguiré como sombra, no te dejaré jamás. Al crear
a la criatura mi única finalidad fue que ella hiciera en todo mi Querer, con esto quería dar a la