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Octubre 27, 1921
La Divina Voluntad debe ser como alma al cuerpo.
(1) Estaba diciendo a mi siempre amable Jesús: “Hace ya mucho tiempo que no me pones
dentro de Ti, yo ahí me sentía más segura, participaba más de tu Divinidad, y era como si la
tierra no me perteneciera, y el Cielo fuera mi morada; ¿cuántas lágrimas no derramaba cuando
tu Querer me ponía fuera de Ti? El sólo sentir el aire de la tierra me era de peso insoportable,
pero tu Querer vencía y yo inclinando la frente me resignaba. Ahora te siento siempre dentro
de mí, y cuando deliro por verte, sólo con moverte en mi interior, o bien sacando un brazo me
calmas y me das la vida; dime, ¿cuál es la causa?”
(2) Y Jesús: “Hija mía, es justo, después de haberte llevado en mi interior toda mi Vida, es tu
deber que me lleves a Mí en tu interior toda tu vida; y si te ponía en mi interior era para perfumar
tu alma y extender en ti un nuevo cielo para volverla digna habitación de mi persona. Es verdad
que te sentías más segura, y las alegrías llovían sobre ti, pero la tierra no es lugar de delicias,
sino que el dolor es su herencia, y la cruz es el pan de los fuertes. Mucho más que debiendo
establecer en ti el centro de mi Querer, era necesario que viviera en ti y que te sirviera como
alma al cuerpo. Mi Voluntad jamás podía descender en un alma en modo singular y fuera de lo
ordinario, si no tuviera sus prerrogativas distintas, como con mi amada Mamá, no podía
descender Yo, Verbo Eterno, si Ella no hubiese tenido sus prerrogativas distintas y el soplo
divino no hubiera soplado en Ella como a nueva creación, para volverla admirable a todos y
superior a todas las cosas creadas. Así en ti, primero mi Humanidad ha querido hacer estable
morada en ti para prepararte, y después te está dando la Vida de mi Voluntad como alma al
cuerpo. Tú debes saber que mi Voluntad debe ser como alma al cuerpo; mira, también en
Nosotros sucede esto, entre las Tres Divinas Personas, nuestro amor es grande, infinito, eterno,
pero si no tuviéramos una Voluntad que anima y da vida a este amor, nuestro amor estaría sin
vida, sin obras; nuestra sabiduría llega a lo increíble, nuestro poder puede pulverizar todo en un
minuto, y en otro minuto puede rehacerlo todo, pero si no tuviéramos una Voluntad que quisiera
manifestar la maestría de nuestra sabiduría, como la manifestó en la Creación, en la cual todo
ordenó y armonizó junto, y con su poder le dio su lugar en tal modo que no puede apartarse ni
un tantito, tanto mi sabiduría como mi poder habrían estado sin hacer nada, y así de todos
nuestros demás atributos.
(3) Ahora, así lo quiero, que mi Voluntad sea como alma al cuerpo; el cuerpo sin el alma está
sin vida, a pesar de que contiene todos los sentidos, pero no ve, ni habla, ni siente, ni obra, es
casi una cosa inservible y tal vez aún insoportable, pero si está animado, ¿cuántas cosas no
puede hacer? Y ¡oh! cuántos se vuelven inservibles e insoportables porque no están animados
por mi Voluntad, parecen como instalaciones eléctricas sin luz, como máquinas sin movimiento,
cubiertas de herrumbre y de polvo y casi impotentes al movimiento, ¡ah, cómo dan piedad!
Entonces, cada cosa que no está animada por mi Voluntad es una vida de santidad que viene a
faltar, por eso quiero ser en ti como alma al cuerpo, y mi Voluntad hará nuevas sorpresas de
creaciones, da nueva vida a mi amor, nuevas obras y maestría de mi sabiduría, y da nuevo
movimiento a mi poder, por eso sé atenta y déjame hacer, a fin de que cumpla mi gran designio:
Que la criatura sea animada por mi Voluntad”.
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