13-24
Octubre 16, 1921
En cuanto Jesús fue concebido,
hizo renacer todas las criaturas en Él.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús me hacía ver cómo de
dentro de su Santísima Humanidad salían todas las criaturas, y todo ternura me ha dicho:
(2) “Hija mía, mira el gran prodigio de la encarnación, en cuanto fui concebido y se formó mi
Humanidad, así hacía renacer a todas las criaturas en Mí, así que en mi Humanidad, mientras
renacían en Mí, sentía todos sus actos distintos: En la mente contenía cada pensamiento de
criatura, buenos y malos, los buenos los confirmaba en el bien, los rodeaba con mi gracia, los
investía con mi luz, a fin de que renaciendo de la santidad de mi mente, fueran dignos partos de
mi inteligencia; los malos los reparaba, hacía la penitencia que les correspondía, multiplicaba
mis pensamientos al infinito para dar al Padre la gloria por cada pensamiento de las criaturas.
En mis miradas, en mis palabras, en mis manos, en mis pies y hasta en mi corazón, contenía
las miradas, las palabras, las obras, los pasos, los corazones de cada uno, y renaciendo en Mí
todo quedaba confirmado en la santidad de mi Humanidad, todo reparado, y por cada ofensa
sufrí una pena especial. Y habiéndolos hecho renacer a todos en Mí, los llevé en Mí todo el
tiempo de mi Vida, ¿y sabes cuando los parí? Los parí sobre la cruz, en el lecho de mis acerbos
dolores, entre espasmos atroces, en el último suspiro de mi Vida, y en cuanto morí, así renacían
todos a nueva vida, todos sellados y marcados con todo el obrar de mi Humanidad; y no contento
con haberlos hecho renacer, a cada uno le daba todo lo que Yo había hecho para tenerlos
defendidos y seguros. ¿Ves qué santidad contiene el hombre? La santidad de mi Humanidad,
jamás habría podido dar a luz hijos indignos y desemejantes de Mí, por eso amo tanto al hombre,
porque es parto mío, pero el hombre es siempre ingrato y llega a no conocer al Padre que lo ha
parido con tanto amor y dolor”.
(3) Después de esto se hacía ver todo en llamas, y Jesús quedaba quemado y consumido en
aquellas llamas, y no se veía más, no se veía otra cosa que fuego, pero después se veía renacer
de nuevo, y después quedaba otra vez consumido en el fuego. Entonces ha agregado:
(4) “Hija mía, Yo ardo, el amor me consume, es tanto el amor, las llamas que me queman,
que muero de amor por cada criatura. No fue solamente por las penas por lo que morí, sino que
las muertes de amor son continuas, no obstante no hay quien me dé su amor por refrigerio”.
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13-25
Octubre 18, 1921
La turbación del alma es noche e impide que despunte el Sol
Jesús. La turbación no es otra cosa que falta de abandono en Dios.
(1) He pasado el día distraída por algunas cosas que he escuchado y que no es necesario
decirlas aquí, y también un poco turbada, y por cuanto me esforzaba no lograba liberarme. Por
todo el día no he visto a mi dulce Jesús, la vida de mi alma, como si la turbación fuese un velo
que poniéndose entre Él y yo impedía el poderlo ver. Entonces, ya avanzada la noche, mi mente
cansada se ha calmado, y mi amable Jesús, como si estuviera esperando, se ha hecho ver y
doliente me ha dicho:
(2) “Hija mía, hoy con tu turbación has impedido que el sol de mi Persona despuntara en ti, la
turbación es nube entre tú y Yo que impide que los rayos desciendan en ti, y si no descienden
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