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13-23
Octubre 13, 1921
Todas las palabras de Jesús son fuentes
que llevan y brotan hacia la Vida eterna.
(1) Estaba oprimida al pensar que estoy obligada a decir y a escribir aun las más pequeñas
cosas que el buen Jesús me dice, y al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, cada vez que Yo te hablo intento abrir una fuentecita en tu corazón, porque
todas mis palabras son fuentes que llevan y brotan a la vida eterna, pero para formarse estas
fuentes en tu corazón, tú debes poner también de lo tuyo, es decir, debes masticarlas muy bien
para poderlas poner en tu corazón y abrir en él la fuente; con pensarlas y repensarlas tú formas
la masticación; con decirlas a quien tiene autoridad sobre ti y siéndote asegurado que es palabra
mía, tú sin duda la pasas y abres la fuente para ti, y según las ocasiones de tus necesidades, te
sirves de ella y bebes a grandes sorbos en la fuente de mi verdad; con escribirlas abres los
canales que pueden servir a cualquiera que quiera quitarse la sed para no dejarlo morir de sed.
Ahora, con no decirlas tú no las piensas, y al no masticarlas no puedes pasarlas, por eso corres
peligro de que la fuente no se forme y que el agua no brote, y cuando tengas necesidad de
aquella agua, la primera en sufrir la sed serás tú, y si no escribes, no abriendo los canales, ¿de
cuántos bienes no privarás a los demás?
(3) Ahora, mientras escribía pensaba entre mí: “Hace ya algún tiempo que mi dulce Jesús no
me habla de su Santísima Voluntad, sino de otras verdades; yo me siento más llevada a escribir
sobre su Santísimo Querer, siento más gusto y siento como si fuera cosa exclusivamente mía,
y su Querer me basta para todo”. Y mi siempre benigno Jesús al venir me ha dicho:
(4) “Hija mía, no te debes maravillar si sientes más gusto y te sientes más llevada a escribir
sobre mi Querer, porque oír, decir, escribir sobre mi Querer es la cosa más sublime que pueda
existir en el Cielo y en la tierra, es lo que más me glorifica y toma todos los bienes juntos y toda
la santidad de un solo golpe, en cambio las otras verdades encierran cada una su bien distinto,
se beben de sorbo en sorbo, se suben escalón por escalón, se adaptan al modo humano, en
cambio mi Voluntad, es el alma la que se adapta al modo divino, no son sorbos que se beben,
sino mares; no escalones que se suben, sino vuelos que en un abrir y cerrar de ojos toman el
Cielo, ¡oh, mi Voluntad, mi Voluntad! Sólo al oírla de ti me trae tanta alegría y dulzura, y
sintiéndome circundado por mi Voluntad que contiene la criatura, como por otra inmensidad mía,
siento tanto gusto que me hace olvidar el mal de las otras criaturas, por eso debes saber que
grandes cosas te he manifestado de mi Voluntad, pero que aun no las has masticado bien y no
las has digerido, de modo de tomar toda la sustancia para formar la sangre de tu alma. Cuando
hayas formado toda la sustancia, regresaré de nuevo y te manifestaré otras cosas más sublimes
de mi Voluntad, y mientras espero que las digieras bien, te tendré ocupada con otras verdades
que me pertenecen, para que si las criaturas no se quieren servir del mar, del sol de mi Voluntad
para venir a Mí, se puedan servir de las fuentecitas, de los canales para venir a Mí y tomar para
su bien las cosas que me pertenecen”.
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