pueda estar sin Ella; tal vez sin el sol se pueda vivir, pero sin el agua ninguno, ella entra en todo,
hasta en las venas, en las vísceras humanas, como en las profundas entrañas de la tierra, ella
en mudo silencio hace su curso continuado, se puede decir que el agua no sólo es reina, sino
que es como el alma de la tierra, sin el agua la tierra sería como un cuerpo muerto. Tal es mi
Voluntad, no sólo es reina, sino es más que alma de todas las cosas creadas, es vida de cada
latido, de cada fibra del corazón. Mi Querer, como agua corre en todo, ahora silencioso y
escondido, ahora palpitante y visible. El hombre se puede sustraer de mi luz, de mi amor, de mi
gracia, pero de mi Voluntad jamás, sería como uno que quisiera vivir sin agua, es verdad que
puede haber algún loco que odie el agua, pero a pesar de que la odie, que no la ame, estará
obligado a beberla, o el agua o la muerte. Así es de mi Voluntad, siendo vida de todo, las
criaturas, o la tendrán con ellas con amor o con odio, pero a pesar de todo estarán obligadas a
hacer correr mi Querer en ellas, como la sangre en las venas, y quien quisiera sustraerse de mi
Querer sería como suicidar la propia alma; pero mi Querer no lo dejaría, seguiría sobre él el
curso de la justicia, no habiendo podido seguir sobre él el curso de los bienes que contiene mi
Querer. Si el hombre supiera qué significa hacer o no hacer mi Voluntad, todos temblarían de
espanto al solo pensamiento de sustraerse por un solo instante de mi Querer”.
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13-11
Agosto 9, 1921
Efectos de los actos hechos en el Divino Querer
(1) Continuando mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí misma en medio de un
vastísimo mar y veía una máquina, que conforme se movía el motor, así el agua brotaba por
todas las partes de la máquina, que elevándose hasta el cielo estas oleadas de agua cubrían a
todos los santos y ángeles, y llegando hasta el trono del Eterno se derramaban con ímpetu a
sus pies y después descendían de nuevo al fondo del mismo mar. Yo he quedado maravillada
al ver esto y decía entre mí: “¿Qué será esta máquina?” Y una luz que venía del mismo mar
me ha dicho:
(2) “El mar es mi Voluntad, la máquina es el alma que vive en mi Querer, el motor es la
voluntad humana que obra en el Divino Querer. Cada vez que el alma hace sus intenciones
especiales en mi Querer, el motor pone en movimiento la máquina, y como mi Voluntad es vida
de los bienaventurados, como también lo es de la máquina, no es maravilla que mi Voluntad,
que brota de esta máquina, entre en el Cielo y resplandezca de luz, de gloria, derramándose
sobre todos, hasta en mi trono y después descienda de nuevo en el mar de mi Voluntad en la
tierra para bien de los viadores. Mi Voluntad está por todas partes, y los actos hechos en mi
Voluntad corren por todas partes, en el Cielo y en la tierra; corren al pasado, porque mi Voluntad
existía; al presente, porque nada ha perdido de su actividad; al futuro, porque existirá
eternamente. Cómo son bellos los actos en mi Voluntad, y así como mi Voluntad contiene
siempre nuevos contentos, así estos actos son los nuevos contentos de los mismos
bienaventurados, son los suplentes de los actos de los santos que no han sido hechos en mi
Querer, son las nuevas gracias de todas las criaturas”.
(3) Después he quedado toda afligida porque no había visto a mi dulce Jesús, y Él,
moviéndose en mi interior, me ha estrechado en sus brazos diciéndome:
(4) “Hija mía, ¿por qué tan afligida? ¿No soy Yo mismo el mar?”
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