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13-5
Junio 12, 1921
Donde encuentre su Vida, Dios se detendrá y morará ahí
por siempre, y entonces se reposará no en la obra de la
Creación, sino en su misma Vida. El alma debe ser
centro del Divino Querer.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús continúa hablándome de su
Santo Querer diciéndome:
(2) “Querida hija mía, parto de mi Voluntad, Yo no te quiero cielo tachonado de estrellas, me
agradaría, encontraría mi obra, pero no me satisfacería, porque no me encontraría a Mí mismo;
no te quiero sol, si bien me agradaría, encontraría la sombra de mi luz y de mi calor, pero no
encontrando mi Vida pasaría de largo; no te quiero tierra llena de flores, de plantas y de frutos,
pues si bien me podría agradar porque encontraría el aliento de mis perfumes, las huellas de mi
dulzura, la maestría de mi mano creadora, en suma, encontraría mis obras pero no mi Vida, por
eso pasaría delante a todo, continuaría girando sin detenerme, ¿para encontrar qué cosa? Mi
Vida. ¿Y dónde encontraré esta mi Vida? En el alma que vive de mi Voluntad. He aquí por qué
no te quiero ni cielo, ni sol, ni tierra florida, sino centro de mi Querer. Donde encuentre mi Vida
me detendré y ahí habitaré por siempre, y entonces estaré contento, me reposaré no en mi obra
como en la Creación, sino en mi misma Vida.
(3) Has de saber que tu vida debe ser el Fiat, mi Fiat te sacó a la luz, y cual noble reina
llevando en tu seno al Fiat Creador, debes caminar el campo de la vida sobre las alas del mismo
Fiat, arrojando por todas partes la semilla de mi Voluntad, para poder formar otros tantos centros
de mi Vida sobre la tierra, y después volver en mi mismo Fiat al Cielo. Seme fiel y mi Voluntad
te será vida, mano para conducirte, pies para caminar, boca para hablar, en suma, se sustituirá
a todo”.
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13-6
Junio 20, 1921
Semejanza entre el sol y quien vive del Divino Querer.
(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido, ero todo
majestad y amor; me ha tomado la mano derecha con la suya y acercándose a mi corazón me
lo ha besado; después, con ambas manos me ha tomado mi cabeza durante algunos momentos.
¿Quién puede decir lo que me sentía infundir? Sólo Él puede decir lo que infundía en mí.
Después me ha dicho:
(2) “Hija de mi Querer, mi Querer te llena, y para custodiar mi Querer en ti me ofrezco Yo
mismo como custodia de mi misma Voluntad. Es tan grande el don que he puesto en ti, que no
quiero dejarlo a merced tuya, porque no tendrías atención suficiente para custodiarlo, por eso
no sólo estaré como defensa, sino que te ayudaré a que se derrame fuera de ti, de manera que
donde quiera se verá la marca de mi Voluntad”.
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