las espinas, la cruz, mi sangre, todo tenía el sello de su Fiat Mihi, porque todas las cosas llevan
el sello y la marca del origen de donde han salido. Mi origen en el tiempo fue el Fiat Mihi de mi
Inmaculada Mamá, por eso todo mi obrar lleva el sello de su Fiat Mihi. Así que en cada hostia
sacramental está su Fiat Mihi; si el hombre surge de la culpa, si el recién nacido es bautizado,
si el Cielo se abre para recibir las almas, es el Fiat Mihi de mi Mamá que sella, que sigue y
procede a todo. ¡Oh potencia del Fiat, Él surge a cada instante, se multiplica, se hace vida de
todos los bienes!
(4) Ahora quiero decirte por qué te he pedido tu Fiat, tu “sí” en mi Querer. La oración que
enseñé, el “Fiat Voluntas Tua Sicut in Coelo et in Terra”, esta oración de tantos siglos, de tantas
generaciones, quiero que tenga su cumplimiento. He aquí por qué quiero otro “sí” en mi Querer,
otro Fiat que contenga la potencia creadora, quiero el Fiat que surge a cada instante, que se
multiplica a todos, quiero en un alma mi mismo Fiat que suba a mi trono y con su potencia
creadora lleve a la tierra la Vida del Fiat como en el Cielo así en la tierra”.
(5) Yo, sorprendida y aniquilada al oír todo esto, he dicho: “Jesús, ¿qué dices? Tú sabes lo
mala y lo incapaz que soy para todo”.
(6) Y Él: “Hija mía, es mi costumbre elegir las almas más viles, incapaces y pobres para mis
obras más grandes; mi misma Mamá nada de extraordinario tenía en su vida exterior, ningún
milagro, ninguna señal tenía que la hiciera distinguirse de las demás mujeres, su único distintivo
era su perfecta virtud, que a muy pocos llamaba la atención; y si a los demás santos les he dado
el distintivo de los milagros, y a otros los he adornado con mis llagas, a mi Mamá nada, nada,
sin embargo era el portento de los portentos, el milagro de los milagros, la verdadera y perfecta
crucificada, ningún otro similar a Ella.
(7) Yo tengo la costumbre de hacer como un amo que tiene dos servidores, uno parece un
gigante hercúleo, hábil para todo; el otro, pequeño, débil, inhábil, parece que no sabe hacer
nada, ningún servicio importante, y el amo, si lo tiene, es más por caridad que por otra cosa.
Ahora, debiendo enviar una altísima suma de dinero a un país lejano, ¿qué hace? Llama al
pequeño, al inhábil y le confía la gran suma y dice para sí: “Si la confío al gigante, todos le
pondrán atención, los ladrones lo asaltarán, lo pueden robar, y si con su fuerza hercúlea se
defiende, puede quedar herido, sé que él es valiente, pero quiero protegerlo, no quiero exponerlo
a un evidente peligro; en cambio este pequeño, sabiéndolo inhábil, ninguno le pondrá atención,
ninguno podrá pensar que pueda yo confiarle una suma tan importante, y volverá sano y salvo”.
El pobre inhábil se asombrará de que su amo confíe en él mientras podía servirse del gigante,
y todo tembloroso y humilde va a entregar la gran suma sin que ninguno se haya dignado mirarlo,
y sano y salvo regresa a su amo, más tembloroso y humilde que antes. Así hago Yo, cuanto
más grande es la obra que quiero hacer, tanto más escojo almas pequeñas, pobres, ignorantes,
sin ninguna exterioridad que las señale, su estado de pequeñez sirve como segura custodia de
mi obra, los ladrones de la propia estima, del amor propio, no le pondrán atención, conociendo
su inhabilidad y ella, humilde y temblorosa desempeñará el oficio confiado por Mí, conociendo
que no ella, sino Yo, he hecho todo en ella”.
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Enero 24, 1921
El tercer Fiat completará la gloria, el honor del Fiat de la Creación
y será confirmación y desarrollo de los frutos del Fiat de la Redención.
Estos tres Fiat semejarán a la Sacrosanta Trinidad sobre la tierra.
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