manos su pecho, lo apretaba sobre mi corazón y de ahí salían ríos de leche, y de esos ríos de
leche llenaba mi corazón, y después me ha dicho:
(2) “Hija mía, mira cuánto te amo, he querido llenar todo tu corazón de la leche de la gracia y
del amor, así que todo lo que dirás y harás no será otra cosa que el desahogo de la gracia de la
que te he llenado. Tú nada harás, sólo pondrás tu querer en mi Voluntad y Yo haré todo; tú no
serás otra cosa que el sonido de mi voz, la portadora de mi Querer, la destructora de las virtudes
en modo humano y la que hará resurgir las virtudes en modo divino, selladas por un punto eterno,
inmenso, infinito”.
(3) Dicho esto ha desaparecido. Poco después ha regresado y yo me sentía toda aniquilada,
especialmente al pensar en ciertas cosas que no es necesario decir aquí. Mi aflicción era
extrema, y decía entre mí: “¿Es posible que suceda esto? ¡Ah, Jesús mío, no lo permitas! Tal
vez Tú quieras la voluntad, pero no el acto de este sacrificio, y además, en el duro estado en el
que me encuentro no aspiro a otra cosa que al Cielo”. Y Jesús saliendo de mi interior ha
sollozado; aquel sollozo se repercutía en el Cielo y en la tierra, pero mientras estaba por terminar
el sollozo, ha tenido una sonrisa, que igual que el sollozo se repercutía en el Cielo y en la tierra.
Yo he quedado encantada y mi dulce Jesús me ha dicho:
(4) “Amada hija mía, a tanto dolor que las criaturas me dan en estos tristes tiempos, tanto que
me hacen llorar, y siendo llanto de un Dios por eso se repercute en el Cielo y en la tierra, pero
este dolor se sustituirá por una sonrisa que llenará de alegría Cielo y tierra, y esta sonrisa
despuntará sobre mis labios cuando vea las primicias, las hijas de mi Querer, vivir no en el
ambiente humano sino en el ambiente divino, las veré selladas todas por el Querer eterno,
inmenso, infinito; veré aquel punto eterno que tiene vida sólo en el Cielo correr sobre la tierra, y
modelar las almas con sus principios infinitos, con el obrar divino, con la multiplicación de los
actos en un solo acto; y así como la Creación salió del Fiat, así en el Fiat será completada, así
que sólo las hijas de mi Querer, en el Fiat completarán todo, y en mi Fiat que tomará vida en
ellas, tendré amor, gloria, reparaciones, agradecimientos y alabanzas completas, y por todo y
por todos. Hija mía, las cosas, de donde salen allá regresan, todo salió del Fiat, y en el Fiat
vendrá todo a Mí. Serán pocas, pero en el Fiat todo me darán”.
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12-147
Enero 10, 1921
El Fiat Mihi de la Santísima Virgen. Dios quiere un
segundo “sí” en su Querer: El Fiat de Luisa.
(1) Estaba pensando acerca de lo que está escrito en el capítulo anterior, y decía entre mí:
“Yo no sé que querrá Jesús de mí, Él sabe cuan mala soy y cómo no soy buena para nada”. Y
Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, recuérdate que años atrás te pregunté si querías hacer vida en mi Querer, y
como te quería en mi Querer, quise que en mi mismo Querer pronunciaras tu “sí”; este “sí” quedó
atado a un punto eterno y a una Voluntad que no tendrá fin; este “sí” está en el centro de mi
Querer y rodeado por una inmensidad infinita, y queriéndose salir no encuentra el camino, por
eso me río y me divierto con tus pequeñas oposiciones y descontentos, viéndote como una
persona atada en el fondo del mar por su propia voluntad, que queriéndose salir no encuentra
sino agua por todas partes, y como está atada en el fondo del mar siente la molestia de quererse
salir, y para estarse tranquila y feliz se arroja más en el fondo del mar. Así Yo, viéndote inquieta,
como si quisieras salir, y no pudiendo, atada por tu mismo “sí”, te arrojas más en el fondo de mi