pensamiento, palabra, acto, etc., bendecía cada cosa que debía servir a la criatura, al igual que
cuando mi Fiat omnipotente creó el sol, y este sol sin disminuir ni en su luz ni en su calor continúa
su carrera para todos y para cada uno de los mortales; así mi palabra creadora, bendiciendo
quedaba en acto de bendecir siempre, siempre, sin cesar nunca de bendecir, como jamás cesará
de dar su luz el sol a todas las criaturas. Pero esto no es todo aún, con mi bendición quise
renovar el valor de la Creación; quise llamar a mi Padre Celestial a bendecir para comunicar a
la criatura la potencia; quise bendecirla a nombre mío y del Espíritu Santo para comunicarle la
sabiduría y el amor, y así renovar la memoria, la inteligencia y la voluntad de la criatura,
restableciéndola como soberana de todo. Debes saber que al dar, quiero, y mi amada Mamá
comprendió y súbito me bendijo, no sólo por Ella sino a nombre de todos. ¡Oh! si todos pudieran
ver esta mi bendición, la sentirían en el agua que beben, en el fuego que los calienta, en el
alimento que toman, en el dolor que los aflige, en los gemidos de la oración, en los
remordimientos de la culpa, en el abandono de las criaturas, en todo escucharían mi palabra
creadora que les dice, pero desafortunadamente no escuchada: “Te bendigo en el nombre del
Padre, de Mí, Hijo, y del Espíritu Santo, te bendigo para ayudarte, te bendigo para defenderte,
para perdonarte, para consolarte, te bendigo para hacerte santo.” Y la criatura haría eco a mis
bendiciones, bendiciéndome también ella en todo.
(3) Estos son los efectos de mi bendición, de la cual mi Iglesia, enseñada por Mí, me hace
eco, y en casi todas las circunstancias, en la administración de los sacramentos y en otras
ocasiones da su bendición”.
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12-142
Diciembre 18, 1920
Correspondencia de amor y de agradecimiento
por todo lo que Dios obró en la Mamá Celestial.
(1) Estaba muy afligida sin mi Jesús, y mientras rezaba lo he oído cerca, que me decía:
(2) “¡Ah! hija mía, las cosas empeoran, cual torbellino entrará para trastornar todo, reinará por
cuanto dura un torbellino, y terminará como termina un torbellino. Al gobierno italiano le falta la
tierra bajo los pies y no sabe dónde irá a parar. ¡Justicia de Dios!”
(3) Después de esto me he sentido fuera de mí misma y me he encontrado junto con mi dulce
Jesús, pero tan estrechada con Él y Él conmigo, que casi no podía ver su Divina Persona; y no
sé cómo le he dicho: “Mi dulce Jesús, mientras estoy estrechada a Ti quiero testimoniarte mi
amor, mi agradecimiento y todo lo que la criatura está en deber de hacer por haber Tú creado a
nuestra Reina Mamá Inmaculada, la más bella, la más santa, y un portento de gracia,
enriqueciéndola con todos los dones y haciéndola nuestra Madre, y esto lo hago a nombre de
las criaturas pasadas, presentes y futuras; quiero tomar cada acto de criatura, palabra,
pensamiento, latido, paso, y en cada uno de ellos decirte que te amo, te agradezco, te bendigo,
te adoro por todo lo que has hecho a mi y tu Celestial Mamá”. Jesús ha agradecido mi acto,
pero tanto que me ha dicho:
(4) “Hija mía, con ansia esperaba este acto tuyo a nombre de todas las generaciones; mi
justicia, mi amor, sentían la necesidad de esta correspondencia, porque grandes son las gracias
que descienden sobre todos por haber enriquecido tanto a mi Mamá, sin embargo no tienen
nunca una palabra, un gracias que decirme”.
(5) Otro día estaba diciendo a mi amable Jesús: “Todo para mí ha terminado, sufrimientos,
visitas de Jesús, todo”.
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