hechos antes o después, si en una época o en otra, si pequeños o grandes, basta que hayan
sido hechos en mi Voluntad para que estén siempre entre los primeros y corran adelante de
todos los actos humanos. Una semejanza es el aceite puesto junto con otros comestibles,
aunque éstos fueran de más valor, o de oro o de plata, o alimentos de mayor sustancia, todos
quedan por debajo, y el aceite permanece encima, jamás queda por abajo, aunque fuera una
mínima cantidad, con su espejito de luz parece que dice: “Yo estoy aquí para ser primero sobre
todo, no me hago común con las otras cosas, ni me mezclo con ellas”. Así los actos hechos en
mi Querer, como son hechos en mi Voluntad se vuelven luz, pero luz atada, fundida con la luz
eterna; por eso no se mezclan con los actos humanos, más bien tienen la virtud de hacer cambiar
los actos humanos en divinos, por eso todo dejan atrás y son los primeros entre todo”.
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12-133
Junio 2, 1920
Jesús sintió la pena de la separación
que el hombre había causado con el pecado.
(1) Continuando mi habitual estado y recogiéndome en la oración, veía un abismo en mí,
donde no podía descubrir el fondo, y en medio de este abismo de profundidad y anchura, a mi
dulce Jesús afligido y taciturno. Yo no sabía comprender cómo lo veía en mí, y me sentía lejana
de Él, como si no estuviera para mí. Mi corazón quedaba torturado por ello y sentía el desgarro
de una muerte cruel, y esto no una vez, sino cada vez que me encuentro en este abismo como
separada de mi Todo, de mi Vida. Ahora, mientras mi corazón goteaba sangre, mi siempre
amable Jesús saliendo de este abismo, me ha rodeado el cuello con sus brazos, poniéndose
tras de mis espaldas y me ha dicho:
(2) “Querida hija mía, tú eres mi verdadero retrato, ¡oh! cuántas veces mi gimiente Humanidad
se encontraba en estas torturas, Ella estaba fundida con la Divinidad, más bien eran una sola
cosa, y mientras eran una sola cosa Yo sentía el desgarro del abismo, de la separación de la
Divinidad, que mientras me envolvía dentro y fuera, fundido con Ella, me sentía lejano. Mi pobre
Humanidad debía pagar la pena y la separación que con el pecado la humanidad prevaricadora
había causado, y para volverla a unir a la Divinidad, debía sufrir toda la pena de su separación,
pero cada instante de separación era para Mí una muerte despiadada.
(3) He aquí la causa de tus penas y del abismo que tú ves, es mi semejanza; también en estos
tiempos desventurados, la humanidad corre como en precipitada fuga lejos de Mí, y tú debes
sentir la pena de su separación para poderla unir nuevamente a Mí. Es verdad que tu estado
es demasiado doloroso, pero es siempre una pena de tu Jesús, y Yo para darte fuerza te tendré
estrechada desde atrás de tus espaldas, porque mientras te tengo más segura, doy más
intensidad a tu pena, porque si me tuvieras delante, con sólo ver mis brazos junto a ti, la pena
disminuiría y mi semejanza en ti se formaría más tarde”.
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