12-131
Mayo 24, 1920
Los actos hechos en la Divina Voluntad serán los defensores del Trono
Divino, no sólo en el tiempo presente, sino hasta el fin de los siglos.
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, los actos hechos en mi Voluntad pierden lo humano, y fundiéndose con mis
actos divinos se elevan hasta el Cielo, circulan en todos, abrazan todos los siglos, todos los
puntos y todas las criaturas, y como quedan fijos en mi Querer, en cada ofensa que las criaturas
me hacen, no sólo en el tiempo presente sino hasta el fin de los siglos, estos actos son y serán
los defensores de mi trono, y elevándose en mi defensa harán las reparaciones opuestas a las
ofensas que las criaturas harán. Los actos hechos en mi Querer tienen virtud de multiplicarse
según las necesidades y las circunstancias que mi gloria requiere. ¿Cuál será la felicidad del
alma cuando se encuentre ya allá en el Cielo y vea sus actos hechos en mi Querer como
defensores de mi trono, que teniendo un eco continuo de reparación rechazarán el eco de las
ofensas que viene de la tierra? Por eso para el alma que vive en mi Querer en la tierra, su gloria
en el Cielo será diferente de la de los otros bienaventurados; los otros tomarán de Mí todos los
contentos, estos en cambio no sólo los tomarán de Mí, sino que tendrán sus pequeños ríos en
mi mismo mar, porque viviendo en mi Querer se los han formado ellas mismas en la tierra en mi
mar. El pequeño río de felicidad y de contentos es justo que lo tengamos en el Cielo. Cómo
son bellos estos ríos en mi mar, ellos se vierten en Mí y Yo en ellos, serán una vista encantadora
ante la que todos los bienaventurados quedarán sorprendidos”.
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12-132
Mayo 28, 1920
Los actos hechos en la Divina Voluntad entran en el ámbito de
la eternidad y tienen supremacía sobre los actos humanos.
(1) Estaba ofreciéndome en el santo sacrificio de la misa junto con Jesús, a fin de que también
yo pudiera sufrir su misma consagración, y Él, moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, entra en mi Voluntad a fin de que pueda encontrarte en todas las hostias, no
sólo presentes sino también futuras, y así junto Conmigo sufrirás tantas consagraciones por
cuantas sufro Yo. En cada hostia Yo pongo una Vida mía, y por correspondencia quiero otra,
pero, ¡cuántos no me la dan! Otros me reciben, Yo me doy a ellos, y ellos no se dan a Mí, y mi
amor queda doliente, obstaculizado y sofocado, sin correspondencia, por eso en mi Voluntad
ven a sufrir todas las consagraciones que sufro Yo, y así encontraré en cada hostia la
correspondencia de tu vida, y no sólo mientras estés en la tierra, sino también cuando estés en
el Cielo, porque habiéndote tú consagrado anticipadamente mientras estás en la tierra en mi
Voluntad, al ir sufriendo Yo las consagraciones hasta la última, así también las sufrirás tú, y Yo
encontraré hasta en el último de los días la correspondencia de tu vida”.
(3) Después ha agregado: “Los actos hechos en mi Voluntad son siempre los que tienen la
primacía sobre todos y tienen la supremacía sobre todo, porque habiendo siendo hechos en mi
Voluntad entran en el ámbito de la eternidad, y tomando ahí los primeros puestos, dejan atrás a
todos los actos humanos, corriendo siempre ellos adelante, en nada influye que hayan sido