(4) “Hija mía, quien vive en mi Voluntad vive en lo alto, y quien vive en lo alto puede mirar con
más claridad en lo bajo, y debe tomar parte en las decisiones, en las aflicciones y en todo lo que
conviene a las personas que viven en lo alto. No ves tú en el mundo algunas veces, padre y
madre, y en ocasiones también a un hijo más grande que es capaz de tomar parte en las
decisiones, en los dolores de los padres, que mientras estos están bajo el peso de penas
dolorosas, de incertidumbres, de intrigas, de pérdidas, los otros hijos pequeños no saben nada
de eso, más bien los hacen jugar y hacer la vida ordinaria de familia no queriendo amargar
aquellas tiernas vidas sin una finalidad útil para ellos ni para los padres. Así sucede en el orden
de la gracia, quien es pequeño y aún en estado de crecimiento, vive en lo bajo, y por tanto le
son necesarias las purgas, los medios necesarios para hacerlo crecer en la santidad; sería como
los pequeños de la familia, a los que querer hablarles de asuntos, de intrigas, de penas, sería
aturdirlos sin que comprendieran nada; pero quien vive en mi Querer, viviendo en lo alto debe
sustituirse a las penas de quien vive en lo bajo, debe ver los peligros de éstos, ayudarlos, tomar
serias decisiones que a veces hacen temblar, mientras que los pequeños están tranquilos. Por
eso cálmate, y en mi Querer haremos vida en común, y junto Conmigo tomarás parte en los
dolores de la familia humana, vigilarás sobre las grandes tempestades que surgirán, y mientras
ellos en el peligro juegan, tú junto Conmigo llorarás su desventura”.
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12-130
Mayo 15, 1920
La Divina Voluntad forma en el alma la crucifixión completa.
(1) Me lamentaba con mi dulce Jesús diciéndole: “¿Dónde están tus promesas? No más
cruz, no más semejanza Contigo, todo se ha esfumado y no me queda más que llorar mi doloroso
fin”. Y Jesús, moviéndose me ha dicho en mi interior:
(2) “Hija mía, mi crucifixión fue completa, ¿y sabes por qué? Porque fue hecha en la Voluntad
Eterna de mi Padre. En esta Voluntad la cruz se hizo tan larga y tan ancha, de abrazar todos
los siglos, para penetrar en cada corazón presente, pasado y futuro, de modo que quedaba
crucificado en cada corazón de criatura; esta Divina Voluntad ponía clavos a todo mi interior, a
mis deseos, a los afectos, a mis latidos, puedo decir que no tenía vida propia, sino la Vida de la
Voluntad eterna, que encerraba en Mí a todas las criaturas y quería que respondiera por todo.
Jamás mi crucifixión podía estar completa y tan extendida para abrazar a todos, si el Querer
eterno no fuera el actor. También en ti quiero que la crucifixión sea completa y extendida a
todos. He aquí el por qué de las continuas llamadas que te hago en mi Querer, son las
incitaciones para llevar ante la Majestad Suprema a toda la familia humana, y a nombre de todos
hacer los actos que ellos no hacen. El olvido de ti, la falta de reflexiones personales, no son otra
cosa que clavos que pone mi Voluntad. Mi Voluntad no sabe hacer cosas incompletas o
pequeñas, y haciéndose corona en torno al alma, la quiere en Sí, y extendiéndola en todo el
ámbito de su Querer eterno, pone el sello de su cumplimiento. Mi Querer vacía todo lo humano
del interior de la criatura, y pone todo lo divino, y para estar más seguro va sellando todo el
interior con tantos clavos por cuantos actos humanos pueden tener vida en la criatura,
sustituyéndolos con otros tantos actos divinos, y así forma las verdaderas crucifixiones, y no por
un tiempo, sino por toda la vida”.
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