12-128
Abril 15, 1920
Causa de las penas de Jesús: “El amor a las almas”.
(1) Estaba lamentándome con mi dulce Jesús de mi estado doloroso diciéndole: “Dime, Amor
mío, ¿dónde estás? ¿Qué camino tomaste al irte, para poderte seguir? Hazme ver las huellas
de tus pasos, y así paso a paso con certeza podré encontrarte. ¡Ah! Jesús, sin Ti no puedo más,
pero si bien estás lejano, yo te envío mis besos. Beso la mano que no me abraza más, beso
esa boca que no me habla más, beso ese rostro que ya no veo más, beso esos pies que no se
encaminan más hacia mí, sino se dirigen a otras partes. ¡Ah, Jesús, cómo es triste mi estado,
que final tan cruel me esperaba!” Mientras esto y otros desatinos decía, mi dulce Jesús se ha
movido en mi interior y me ha dicho:
(2) “Hija mía, cálmate, para quien vive en mi Querer todos los puntos son caminos seguros
para encontrarme, mi Voluntad llena todo, cualquier camino que tome, no hay temor de que no
pueda encontrarme. ¡Ah, hija mía, tu estado doloroso lo siento en mi corazón, siento repetirme
la corriente del dolor que corría entre Yo y mi Mamá, Ella era crucificada por mis penas, Yo era
crucificado por las suyas, pero la causa de todo, ¿quién era? El amor de las almas. Por amor
de ellas mi querida Mamá toleraba todas mis penas, y hasta mi muerte, y Yo por amor de las
almas toleraba todas sus penas, hasta privarla de Mí. ¡Oh! cuánto costó a mi amor y a su amor
materno el privar de Mí a mi inseparable Mamá, pero el amor por las almas triunfó sobre todo.
Ahora, tu estado de víctima al que te sometiste fue por el amor a las almas, y tú aceptaste por
amor a ellas todas las penas que se han desarrollado en tu vida, la causa han sido las almas y
los tristes tiempos que corren, por eso la justicia divina me impide estarme a lo familiar contigo,
para hacer correr tiempos más propicios en lugar de tan tempestuosos y tenerte en la tierra.
Son las almas, si no fuera por el amor a ellas tu exilio habría ya terminado y tú no tendrías el
dolor de verte privada de Mí, ni Yo tendría el dolor de verte tan deshecha por mi privación, por
eso paciencia, y haz que también en ti triunfe hasta lo último el amor por las almas”.
+ + + +
12-129
Mayo 1, 1920
La santidad para quien vive en el Querer
Divino, es el Gloria Patri continuado.
(1) Mi miseria se hace sentir más, y en mi interior decía: “Mi Jesús, ¿qué vida es la mía?” Y
Él sin darme tiempo de decir otra cosa, súbito ha respondido:
(2) “Hija mía, para quien vive en mi Querer, su santidad tiene un solo punto, es el Gloria Patri
continuado, con la secuencia del sicut erat in principio et nunc et semper et in saecula
saeculorum. No hay cosa en la cual no dé gloria a Dios, gloria del todo completa, siempre
estable, siempre igual, siempre reina, sin jamás cambiarse. Esta Santidad no está sujeta a
retrocesos, a pérdidas, es siempre reinar, así que su fondo es el Gloria Patri, su prerrogativa es
el sicut erat in principio, etc.”.
(3) Continuando a lamentarme por sus privaciones y por la ausencia del sufrir, mientras que
a los demás lo da abundantemente, mi siempre amable Jesús ha salido de dentro de mi interior
y apoyando su cabeza en mi hombro, todo afligido me ha dicho: