hombre lo vuelve indigno de este gran bien, y por esto te privo frecuentemente de Mí, y viéndote
martirizada por causa mía, es tanto mi dolor que deliro, gimo, suspiro, y estoy obligado a
esconderte mis gemidos, sin ni siquiera poderlos desahogar contigo para no darte más penas”.
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12-125
Marzo 19, 1920
Vivir en la Divina Voluntad es vivir a nombre de todos.
(1) Estaba lamentándome con mi siempre amable Jesús diciéndole: “¡Cómo has cambiado!
¿Será posible que ni siquiera el sufrir sea ya para mí? Todos sufren, sólo yo no soy digna de
sufrir, es verdad que supero a todos en maldad, pero Tú ten piedad de mí y no me niegues al
menos las migajas del sufrir que tan abundantemente no niegas a ninguno. Amor mío, cómo es
terrible mi estado, ten piedad de mí, ten piedad”. Mientras esto decía, mi dulce Jesús se ha
movido en mi interior diciéndome:
(2) “¡Ah hija mía, cálmate, de otra manera me haces mal, abres heridas más profundas en mi
corazón! ¿Me quieres tú tal vez superar? También Yo habría querido encerrar en Mí todas las
penas de las criaturas, era tanto el amor hacia ellas, que habría querido que ninguna pena las
tocara, pero esto no lo pude obtener, debí someterme a la sabiduría y a la justicia del Padre,
que mientras me permitía satisfacer en gran parte a las penas de las criaturas, no quiso mi
satisfacción por todas las penas, y esto por decoro y por equilibrio de su justicia. Mi Humanidad
habría querido sufrir tanto, para poder poner término al infierno, al purgatorio y a todos los
castigos, pero la Divinidad no quiso y la justicia dijo a mi amor: “Tú has querido el derecho del
amor, y te ha sido concedido, Yo quiero los derechos de la justicia”. Yo me resigné a la sabiduría
de mi Padre, la vi justa, pero mi gimiente Humanidad sentía la pena por las penas que tocaban
a las criaturas. Ahora al oír tus lamentos por no poder sufrir, escucho el eco de mis lamentos y
corro a sostener tu corazón para darte fuerza, sabiendo cómo es dura esta pena, pero debes
saber que ésta es una pena también de tu Jesús”.
(3) Yo me resigné por amor de Jesús también a no sufrir, pero el dolor de mi corazón era
acerbísimo, y en mi mente se acumulaban muchas cosas, especialmente sobre lo que me había
dicho acerca del Querer Divino, me parecía no ver en mí los efectos de su palabra, y Jesús
benignamente ha agregado:
(4) “Hija mía, cuando Yo te pregunté si tú consentías en querer hacer vida en mi Querer, y tú
aceptaste diciendo: “Digo sí no en mi querer, sino en el tuyo, a fin de que el mío tenga todo el
poder y el valor de un sí de un Querer Divino”. Aquel sí existe y existirá siempre, como existirá
mi Querer, así que tu vida terminó, tu voluntad no tiene más razón de vivir y por eso te dije que
estando en mi Voluntad todas las criaturas, a nombre de toda la familia humana vienes a
deponer en modo divino, a los pies de mi trono, en tu mente los pensamientos de todos para
darme la gloria de cada pensamiento, en tu mirada, en tu palabra, en tu acción, en el alimento
que tomas, aun en el sueño, lo de todos; así que tu vida debe abrazar todo, por eso ves que
cuando alguna vez, oprimida por el peso de mi privación, alguna cosa de lo que haces se te
escapa y no unes a toda la familia humana junta, Yo te reclamo, y si no me pones atención,
afligido te digo: “Si no quieres seguirme, Yo lo hago por Mí mismo.” La vida en mi Voluntad es
vivir sin vida propia, sin reflexiones personales, sino que es la vida que abraza todas las vidas
juntas. Sé atenta en esto y no temas”.
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